Panadero

En mi opinión también se puede obtener ciencia ficción de la sociología este cuento intenta plantear situaciones ficticias posibles en el futuro.  

El francotirador se sentía bastante seguro, en aquella noche sin luna con la ausencia de alumbrado público, su ventana se ocultaba en una pared que a su vez se ocultaba en aquel negro firmamento, con su atención puesta en aquellas lúgubres calles no pudo presenciar la sombra que se acercaba detrás de el…

Aquella sombra tenía nombre: Don Pan

Ese no era su auténtico nombre pero hacía más de quince años que se le conocía así y ese nombre se lo había ganado a pulso, la panadería Don Pan empezó en el primer piso de ese mismo edificio hace dieciséis años con una bien vendida producción de seiscientas hogazas diarias, en esa época eran tiempos de paz. Conforme la población de Santa Rosa fue aumentando y disfrutando de sus hogazas y el pan dulce que producía aquel feliz negocio, El trabajo en el horno  aumento hasta duplicarse. Al tercer año mientras pintaba la fachada de su panadería decidió poner el nombre sobre la puerta y dibujar una hogaza sonriente, con el tiempo sus clientes más jóvenes empezaron a llamarlo señor hogaza, el tiempo redujo el título a Don Pan curiosamente este título le sirvió de ardid publicitario para multiplicar sus ventas incluso contrato a un transportista y un camión el cual llevaba dos mil hogazas a otros pueblos. En esa época la guerra empezó, pero era lejos en la frontera y todos estaban en puntos que iban desde la apatía hasta el patriotismo absoluto y por lo tanto era difícil tomarla enserio.

Fue un jueves su camión de pan no regreso, tardo dos días más en darse cuenta de que su camión había sido confiscado y la vida de su transportista tomada, tardo una semana más en darse cuenta de que los cargamentos de harina azúcar y huevo no llegarían, tardo un mes en decidir que la guerra no afectaría su producción, sus vecinos necesitaban alimentos y él seguía teniendo una camioneta registrada.

Cada noche él y su hijo rezaban por escuchar el silbido del tren y cada vez que lo escuchaban subían en su camioneta a conseguir todos los suministros que su pueblo necesitaba; antes de que fuera confiscado. Funciono hasta que se impuso el toque de queda.

Una noche descargaban costales de harina cuando se escuchó el disparo. El eco permaneció por 4 segundos más, después desvaneció en el aire igual que el humo de un cigarro, en el suelo la harina blanca se tornaba roja mientras su hijo se desplomaba, no hubo pan en los siguientes días, semana tras semana la producción se redujo hasta llegar a la suma de 23 hogazas diarias, cuando se acabara la harina no habría más.

Cada noche Don Pan se recargaba en la pared y contaba los disparos cuando escucho el disparo diecinueve se dio cuenta que había un francotirador en el piso 6 del edificio vecino entro por la ventana del sótano y subió las escaleras, era un edificio abandonado, encontró un tubo de cobre del grosor de su pulgar, estuvo a punto de rendirse al no poder orientarse en la oscuridad.

El disparo numero veinte le dio la locación del francotirador recargado en la ventana y eso era suficiente.

El primer golpe con el tubo sobre la nuca del francotirador hizo que el rifle callera al suelo, el soldado se giró, portaba un nueve milímetros automática en la cintura pero en el momento en el que reunió la concentración suficiente para sostener el arma recibió otro golpe en la cara que lo derribó.

El conductor se llamaba Tomas y su hijo se llamaba Andrés y los otros 19 tiros habían pertenecido a hijos, esposos, madres y vecinos. El toque de queda era una herramienta para manipular y atemorizar a una población desarmada.

Los ojos de aquel civil no mostraban miedo, la ira en aquellos ojos eran tan poderosa que aquel tirador cubrió su rostro y coloco su cabeza entre sus rodillas, si otro francotirador vio la escena no tuvo el valor para defender a su compañero.

A la mañana siguiente aquel francotirador yacía en medio de la calle a pesar de los golpes en la cara todos coincidieron incluyendo los peritos del ejército en que la muerte del soldado se debió a causa de que cayó seis pisos en picada para impactarse sobre un poste de luz.

Don Pan ya no produjo más pan ese año y siguieron apareciendo francotiradores muertos a mitad de la calle. Cada mes llegaban seis o siete a aquel miserable pueblo y cada mes aparecían en el centro de la calle.

Yo disfrutaría diciendo que Don Pan mato a cada uno de ellos pero no fue así aquellos francotiradores murieron a manos de mecánicos, conserjes, maestras y un panadero que perdió su hijo.

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