La bruja cuántica (prologo).

Era el momento más terrorífico de mi vida. No existía ninguna escapatoria. Allí estaba, mi prometida esperaba sentada con una sonrisa en el comedor mientras yo me retorcía en el baño de invitados. No había papel. Y lo que fuera que estaba saliendo de mi organismo tenía un tamaño monumental.

Debí cortar con Alicia cuando me fue posible. Blanca me advirtió de las consecuencias de seguir con aquella relación autodestructiva.

Aún recuerdo cuando le prometí mi amor a Blanca, ella me rechazó con su hermosa sonrisa.

-Ya tengo novio y tú no eres muy divertido. Pero algún día tendrás que cumplir tu promesa.-

Tenía 16 años y estaba destruido, dos años después aún no me había recuperado por completo cuando en un taller para escritores amateurs conocí a Alicia. Ella no debía estar allí, se había equivocado de taller y yo me había equivocado de horario. Cuando empezamos a trabajar en el mismo equipo fue cuando nos gustamos.

Tiempo después perdí el contacto con Blanca (aunque ella no lo notó) y le dediqué toda mi atención a Alicia. Cambie de carrera para estar con ella, modifiqué mi manera de vestir, alteré mi dieta y empecé a rechazar a mis amistades.

Muchos me dijeron que permití que Alicia me moldeara a su gusto, yo argumentaba que en realidad simplemente estaba madurando. ¿Ese era mi argumento?…

Tiempo después Alicia quería espacio. A veces cancelaba las citas cinco minutos antes para salir con sus amigas. Fue en una de aquellas ocasiones cuando me encontré a Blanca. Su marido había huido de la casa, le dejó una pequeña fortuna para mantenerse aunque no habían tenido hijos. Recuerdo sus lágrimas de rabia y la compasión en sus ojos cuando yo le relaté la historia de mi relación con Alicia.

Regresamos a la antigua amistad que teníamos antes de que yo le declarara mi amor, mientras tanto mi relación con Alicia se hacía más perjudicial. Ambas mujeres querían cambiar los mismos aspectos de mí persona y no podía complacerlas a ambas.

Blanca me dio su ultimátum.

-Vas a ser igual de feliz con cualquiera de las dos, pero yo puedo hacerte muy infeliz cuando ella te deje solo.-

No quería entender las implicaciones de aquel ultimátum. Le supliqué un tiempo para poder terminar mi relación y ella accedió.

Un día después de mi fecha límite estaba en casa de Alicia, cenábamos en casa de sus padres para celebrar nuestro compromiso. Un día antes me había informado que nos íbamos a casar. Mi futuro suegro me felicitaba cuando lo sentí en mi vientre. Podía sentir la presión en mis entrañas tratando de liberarse. El incapacitante dolor me llevó al baño de la casa de mis suegros.

Allí estaba, mi odiada prometida esperaba sentada con una sonrisa en el comedor mientras yo me retorcía en el baño de invitados. No había papel. Y lo que fuera que estaba saliendo de mi organismo tenía un tamaño monumental. Aquello que estaba excretando tenía una textura lisa y resistente, el contacto con la parte exterior de mi trasero resultó angustiante, la substancia era fría e inflexible.

Cuando terminó de salir por mi trasero el ruido me resultó demasiado familiar, incómodamente familiar. Con las manos sosteniendo mi vientre me levanté para visualizar aquello que había defecado.

-Una botella de refresco de medio litro.-

Mientras veía aquella botella depositada en el fondo del inodoro llegó a mi celular un mensaje de texto. Era Blanca.

Si no la dejas hoy mismo esto te sucederá durante el resto de tus días.

Sentí en el vientre la necesidad de expulsar otra botella. Creía que Alicia había ejercido poder sobre mí. Ahora entendía lo que era autentico control.

Con los pantalones en los tobillos salí al comedor y terminé mi relación con Alicia en aquel momento, su rostro demostraba incredulidad, así que escupí en su cara para dar mayor credibilidad al rompimiento.

Todavía sentía la necesidad de expulsar aquella botella,  ya no podía soportar la presión así que en la alfombra persa expulsé la segunda botella (al menos el vidrio no deja manchas).

Sentí mi vientre liberado de la presión, me coloqué los pantalones y encaminé a casa de Blanca. Ahora voy a amarla con todo mi corazón e investigar cómo fue que logró huir su anterior marido.

Para fines explicativos…
Para fines explicativos…
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7 comentarios en “La bruja cuántica (prologo).

  1. Ahora resulta que las mujeres somos las malas no? Hay si has de estar muy bonito y por esa todas te han de querer. Eres un pinche mocoso insolente que escriba puras cochinadas y acompazadas con tus palabritas dificles. Te la pasas mandando tus mensajes misóginos y de odio cuando alguien debería de estar mentiendote botellas por el ano
    PENDEJO

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