Navegando en un mar de hormonas.

El sábado pasado acompañé a mi hermana menor a su primer concierto. Quiero creer que es el tipo de cosas que hace un hermano mayor. Tiene 16 y ya sabes, alguien tiene que ser el adulto responsable. Mientras hacia fila para acceder al evento me di cuenta de que hay mucha diferencia entre los conciertos que yo frecuento y lo que estaba por suceder.

Mientras buscaba el fin de la línea fue obvio que era mucho mas viejo que la mayoría. Las miradas de complicidad que me dirigieron algunos padres.(Los que llevaban a sus hijos a la presentación de la banda.) Acrecentaron mi sentimiento de vejés.

Una vez formado decidí desviar mi atención de los padres de familia y concentrarme un poco mas en las chicas que esperaban pacientemente junto conmigo. No es secreto que tengo cierta afinidad hacia las chicas que visten de negro y se pintan el pelo de colores estrafalarios. Desistí rápidamente de mis intenciones románticas debido a dos factores.

  1. El 80% de las asistentes tenían aproximadamente quince años. Se encontraban tan emocionadas que muchos padres y otras autoridades pueden llegar a necesitar un chivo expiatorio para la “locura” de sus hijas.
  2. Muchas de las chicas se presentaron utilizando una especie de maquillaje de guerra y un uniforme, que en el mejor de los casos me desmotivaron. Y es qué la mayoría de ellas compartía una indumentaria tan similar a la de mi hermana, qué no pude evitar hacer comparaciones.

La mitad de la fila pasaba enfrente de un restaurante-bar. Los clientes del restaurante vestían con playeras tipo polo de colores pastel y miraban un partido de fútbol mientras la musica de tipo rural sonaba a todo volumen.

El desprecio entre ambos grupos es evidente. Las fricciones se incrementan cuando una quinceañera que celebra su cumpleaños, se pasea gritando en una hummer modificada para lucir como limusina. Mientras ella saluda y se exhibe, varios jóvenes en la fila le gritan: “Mañana vas a viajar en camión.”

Cuando estoy a unos metros de la entrada, experimento por primera vez algo que me va a acompañar toda la noche. Los miembros de la banda bajan de una camioneta y corren a la entrada del recinto. Cincuenta voces femeninas gritan llenas de emoción. ¿En que me metí?images

Adentro del recinto la situación se vuelve menos tensa y mucho mas caótica. Ya había estado allí antes, pero Diablo Swing Orchesta no tiene el nivel de atracción de esta banda. Hay setecientas personas abarrotando el lugar. La chicas corean el nombre de la banda que vinieron a ver mientras una agrupación de metal, se esfuerza en hacer mas ruido. Derrotada, la banda que abre se va, y el publico se comienza a emocionar.

El aire tiene tantas hormonas que los toros rojos de un anuncio de bebidas energéticas se han puesto en celo. Los huevos de los pájaros que sobrevuelan el recinto están quedando fertilizados. Tengo la sensación de que varias chicas van a quedar embarazadas hoy. Algunas por la combinación adrenalina – falta de experiencia. Pero mas de alguna tendrá una inseminación por ósmosis. (mi madre asegura que así fui concebido.)

Mientras la hora esperada se aproxima, un vikingo armado con una linterna se para sobre el escenario y ruega al público que no hagan mas presión sobre la barda de seguridad. Si este hombre hubiera nacido en Skyrim degollaría dragones con una espada a dos manos. Aquí lo vemos con su rostro asustado mientras enfrenta una horda de rostros ansiosos.

Minutos después aparece el jefe de seguridad de la banda. El no sabe usar el hacha de guerra pero conoce muy bien a las fans de la banda. Después de enfrentarse a los gritos ofensivos de varias personas paradas detrás de mi, la negociación termina. Y falta un poco menos para que el evento comience.

Mientras las chicas al frente se han cansado de corear nombres y comienzan a cantar temas populares. (Por ejemplo el tema de Barney el dinosaurio.) Le dirijo la mirada a mis vecinos de atrás.

Hay una pareja recargada en un pilar. Mientras ella espera fascinada, el pasa suavemente sus manos por todo su cuerpo. A diferencia de los otros adultos responsables, yo no les dirijo una mirada acusatoria.

También están varios jóvenes demostrando su virilidad gritando insultos al personal de seguridad desde la seguridad del anonimato. Al parecer tendré que escucharlos hasta que el concierto comience.

Cada vez que un jala-cables sube al escenario las chicas gritan con todas sus fuerzas. (O eso creía.) En un momento se hace el silencio. Las luces se apagan y se hace tensión en el ambiente.

Entra la banda.

Un zumbido estridente me aturde. Estoy seguro de que hay gente gritando, pero el ruido es tanto que no logro escuchar. La banda ha comenzado a tocar. Un grupo de chicas amenaza con derrumbar la barda de seguridad pero pocas cosas pueden detener el concierto ahora.

Pocas veces había visto a alguien con ese poder. Si el vocalista fuera un líder religioso o político, estariamos a unos pasos de la ucronía. Dirijo una mirada a mi hermana. Conoce perfectamente la letra de la canción y canta con un impetú que no le conocía. Vocaliza perfectamente y sus expresiones faciales demuestran una pasión autentíca. El vocalista tampoco lo hace mal.

Algo de orgullo melómano se me aparece cuando me doy cuenta que puedo predecir el comportamiento de la canción. ¡No! No soy un genio musical, todas estas canciones las he escuchado indirectamente en la casa, la niña no ha dejado de ponerlas desde que compró el disco.

Mis vecinos de atrás han cambiado a ser unos mansos corderillos. Si les piden que aplaudan, aplauden. Si les piden que canten, cantan. Si les piden que inviten las pizzas… Eso hubiera sido genial.

En algún momento escuché un violín, fue un gran detalle de la banda.

Dos horas después, el concierto terminó de la misma manera como comenzó: con un silencio inesperado.

Mientras me dirijo a la salida, puedo ver la sonrisa de adrenalina que asoma por el rostro de mi hermana. Conozco esa expresión, recuerdo perfectamente mi primer concierto.

En la cabina de técnicos varias chicas se toman fotografías con un vikingo que sostiene de manera nerviosa una lata de cerveza.

Bueno, con el tiempo la horda de fans le parecerá tan inofensiva como un dragón. Mientras tanto yo hago un acuerdo con el cerdo venusiano para que me deje escribir el próximo texto.

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9 comentarios en “Navegando en un mar de hormonas.

    • No tiene importancia tratar de adivinar.
      Las modas cambian tan rápidamente, que es innecesario tratar de recordarlas todas.
      Otros adultos responsables me han comentado que a fin de cuentas, esa podría ser la descripción de cualquier concierto.

      Le gusta a 1 persona

  1. Realmente me gustaría saber qué banda era. Por la pinta, parece algo tipo metal o rock. Me imaginé a Cradle of Filth, pero realmente no creo que una banda así jalara a tantas niñas de quince (menciono a esta banda porque estuvieron la semana pasada en el DF, aunque tampoco sé si escribes desde allá). Me gustó mucho la narración, además de que es tan acertada.

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