Nostalgia

Me encontré a Nayeli en un restaurante, afuera llovía a cantaros y mi mayor preocupación era comprar algo caliente para llevarlo a casa. –Jimy ¿Eres tú?- Me pregunto una mujer prematuramente envejecida que tenía un pequeño demonio arrojando comida a mesas ajenas y una maquinita de hacer popó en una carriola. Dirigí una mirada a los dos niños demasiado sucios para los estándares de esa edad y aventuré una respuesta: -¿Zenaida?- La mujer puso una cara de decepción y sorpresa antes de mirarme bien a los ojos, creo que una parte de ella era muy consciente de que se parecía a la gorda gritona del salón. No pude evitar pensar que vestía ropa seis veces más costosa que la mía y aun así parecía necesitada de dinero.
En mi defensa no pretendía insultarla, la única pista de su identidad era el apodo que había utilizado para llamarme: Jimy por Jimmy Neutrón el niño genio. Era un alias con el que tenía que cargar en la secundaria y del que solo me libré buscando la escuela preparatoria menos cotizada entre mis compañeros de clase.
La historia del apodo habla mucho de la idiosincrasia del lugar donde crecí. No es que yo fuera más inteligente que nadie, simplemente no hacia un esfuerzo por parecer un idiota. Todo eso era consecuencia de un sistema en el que se te exigía basándose en las capacidades promedio del alumno, astutamente (ellos, yo no) comportarse como idiota era la estrategia perfecta para que nadie te exigiera mucho. Así que la capacidad para definir la palabra prehistoria me condenó a un motete tan original como un personaje de caricatura y a un aislamiento creciente. Eventualmente Jimmy Neutrón era demasiado largo y el sobrenombre se fue acortando y pronunciando de manera incorrecta hasta terminar en Jimy.
Bueno, pues resulta que hace unos años Nayeli era una constante competidora por el título de la muchacha más guapa de la escuela. Ahora era mujer en restaurante, tratando de controlar a dos niños malcriados mientras un inepto intentaba recordar como iniciar una conversación con alguien que no veías desde la secundaria. Afortunadamente mi comida llegó, farfullé una disculpa – despedida y pude regresar a la comodidad de la lluvia.
Unos días después la volví a encontrar en la parada del autobús. Se me acercó por la espalda y me dijo: -¿Siempre eres tan grosero Jimy?- Yo venía de un mal día en la oficina y tenía un muy buen repertorio de respuestas posibles, por ejemplo: Depende de la persona, ¿Así inicias una conversación? O No tengo nada que decirte Zenaida. Pero había de miedo y tristeza en su rostro que solo me permitió decir: -¿Ehh? Yo no me llamo Jimy- Ya no recuerdo mucho del resto de la conversación, excepto que en su insistencia le di mi número para que me agregara al grupo de Whatsapp donde planeaba organizar una reunión del grupo.
Un grupo al que obviamente ya no pertenecía, todos ya tenían hijos y empleos de tiempos alargados con pagas miserables. Al parecer mis fantasías adolecentes de verlos en la pobreza y mediocridad se habían hecho realidad, pero no era placentero verlo. Conservaban el vocabulario de hace 11 años y algunos de ellos conservaban la idea de tener todo el tiempo del mundo. Frases como: “El próximo semestre iniciaré la preparatoria” o “Cuatro mil mensuales es un chingo” abundaban en la conversación. Esa mezcla de esperanza e irresponsabilidad característica de los adultos fracasados que conocí durante mi trabajo en las mueblerías a crédito era parte la personalidad de mi excompañeros. Y yo todavía no había participado en la conversación.
Nadie puede culparme por no poder participar, igual: ¿Para que me querría reunir con ellos? No hay nada que quiera decirles y dudo mucho que tengan algo que sirva escuchar. La mayoría de ellos permanecieron en contacto después de abandonar la escuela, formaron sus familias y se siguen reuniendo para hablar de los buenos tiempos. Yo solo soy una parte deprimente de su pasado que aunque se esfuercen en recordar de la mejor manera solo les arruinará la reunión.
Los perdoné a ellos y me perdone a mí mismo, ni la humildad ni los aires de grandeza llevarían a buen lugar esa reunión y Dios sabe que ellos tienen mejores recuerdos de aquella época que yo. Así que para qué arruinarlo, a mí se me facilita desaparecer y a ellos olvidar. Será lo mejor.

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4 comentarios en “Nostalgia

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