La Arpía

El jefe se estaba tirando plumas.

Comenzó un miércoles del año pasado, Anita de compras acaba de desaparecer y yo arrancaba un cabello sumamente incomodo de mi nariz, el jefe pasó detrás de mí y vi caer una pequeña pluma gris sobre mi monitor, a pesar de que la oficina tiene las ventanas completamente selladas y el aire acondicionado está en funcionamiento perpetuo, achaqué la aparición al paso de algún ave extraviada por nuestra oficina.

Pero cada día comenzaron a aparecer más.

Las plumas comenzaron a incomodarme, estaban en los cajones, el garrafón de agua, las ventilas del mini-split, la copiadora y el CPU de la computadora, pero uno aprende a adaptarse a las condiciones adversas del trabajo.

Fingimos que no caen decenas de plumas cada vez que mi jefe se acomodaba el traje, ignoramos los extraños cacareos que surgían cuando las juntas se ponían tensas, cambiamos las papeleras por botes de doble tapa para depositar todas las plumas que se acumulan en el piso de la oficina.

Un día todo el ambiente se sintió extrañamente limpio, nos enfocamos tanto en ignorar las plumas, que cuando dejaron de aparecer no lo notamos. Continuamos así por un buen rato.

Al año siguiente la molestia regresó, pero exceptuando por los nuevos empleados todo el personal ya estaba habituado a lidiar con las plumas, o eso creí hasta que desapareció Lorena de sistemas, tal vez debimos sospechar algo, en los trabajos de oficina las desapariciones son comunes.

El tema de las plumas era tan tabú que nadie hiso alguna correlación entre el extraño fenómeno y algún compañero desaparecido… bueno… todos los años se va gente sin despedirse, hacemos correr algún rumor y seguimos con nuestro trabajo.

Lo extraño de Lorena es que jamás vino por sus utilidades y prefiero que sea así.

La gente dice que se peleó con Cristina de costos y no pueden verse, otros dicen que se fugó con su amante el surfista japonés y los más aventureros dicen que le estafó novecientos dólares a la empresa y huyó a Belice a vivir en una choza frente al mar.

Pero yo la vi en el comedor de empleados, no era el horario de comida pero ¿Quién iba a descubrir si me quedaba allí media hora? ¡Ojalá no hubiera hecho! Yo lo vi:

Colgando como una máscara de día de brujas fabricada en látex, la piel y el traje de mi jefe colgaban del perchero, un ave de forma antropomórfica, con el cuello alargado, plumaje gris sucio, y un pico retráctil, arrancaba pedazos de carne del cuerpo inerte de Lorena, el pájaro me vio con sus cuencas vacías y yo me disculpé antes de regresar a mi cubículo.

La arpía es una creatura mitad ave mitad humano originaria de las islas helénicas, este pájaro cuenta con ciclos reproductivos esporádicos, pico retráctil, plumajes que van del gris claro al negro y ojos cuatro veces más pequeños que sus cuencas.

Suelen decorar con huesos y materiales brillantes sus nidos, los cuales se encuentran perfectamente ordenados de la manera más simétrica posible. Se alimentan solo una vez al año y lo hacen de carne humana días antes de mudar de plumas.

Su comportamiento antisocial y gusto por el orden las hace sumamente llamativas para las operaciones burocráticas.

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4 comentarios en “La Arpía

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