El testimonio

¿Cómo iba a decirles que Jesús salva y perdona si el mismo no había experimentado el perdón? No era una cuestión de fe, él sabía del perdón de dios desde que tuvo edad para entender, el asunto es que el ministerio de las misiones no habla a los ya convertidos, la misión es para los que necesitan más del amor de Dios: homosexuales, prostitutas, traficantes, borrachos, pedófilos, vagabundos, musulmanes e inmigrantes.

¿Cómo iba  decirles que los comprendía? ¿Cómo los vería de igual a igual? La próxima semana les hablaría y ellos solo verían a un niño rico con un atuendo caro. No era su culpa, el había nacido en una buena familia, uno nunca elige donde nacer, su papá tenía las fabricas de leche, TODAS las fabricas de leche del estado, lo llevó desde muy joven a la congregación donde el Pastor le habló del perdón de Jesús, toda la vida le hablo de eso.

Una semana para predicar frente aquellas almas descarriadas.

Necesitaba un testimonio, algo que ellos entendieran, algo real, no podías hablarles de otros sanando enfermos, de alguien en otra ciudad dejando las drogas o de un tipo en aquel país que salió de pobre. Tenía que ser algo aquí mismo algo que experimentara él.

Subió a su automóvil, podría ir al hospital y rezar por los enfermos, tal vez uno de ellos sea curado con el poder de la palabra, ¡No! Ya había gente rezando por los enfermos ¿Por qué lo dejarían entrar a rezar también? Aunque lo hicieran ¿Quién de la escoria que estaría en la congregación mañana estaría en el hospital hoy?

Necesitaba ir a donde estarían las ovejas descarriadas, se dirigió a la zona fea, así la llamaba su mamá, las luces de neón mantenían la calle iluminada, había muchos taxis esperando a en la banqueta, al gente se reía en los balcones de los bares y restaurantes, entró al primero que vio y se sentó en la barra, tomó su primera cerveza, se sintió pecador pero no lo suficiente.

Entró al bar gay pero allí no fue suficiente, alguien le vendió drogas, tosió mucho porque no sabia como usar una pipa, pagó doscientos cincuenta pesos para que lo dejaran agarrar a la chica, más drogas estas se lamian, lamió el azúcar del trasero de ese tipo, no era lo suficientemente pecador, ya no estaba seguro de lo que hacía pero todavía no era suficiente pecado.

Había pentagramas en las paredes y él se asfixiaba mientras alguien más lo masturbaba,  un ritual satanista, ¿Cuántos musulmanes habría aquí? Mañana a la hora de predicar el podría decir que hizo todo los pecaminoso y encontró el perdón de Dios, todos lo habrían visto pecando y lo verían salvo y santo el domingo a las nueve de la mañana predicando.

Entonces vio a Jesus, lloraba… Las hordas de demonios se lo llevaban al infierno mientras aquel que murió por sus pecados miraba impotente, pero el ya era salvo, ¿Por qué se lo llevaban al infierno? Tenía que dar una predicación el domingo, ya estaba listo su testimonio de salvación. ¿Por qué ahora mismo? ¿Cómo iba a decirles si moría?

Nota del cerdo:

Había títulos alternativos para este cuento, uno era Voy a joder mi vida para que Jesús pueda tocarme, el otro me lo dio Daniela Cobián y era Pecado de Vanidad.

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2 comentarios en “El testimonio

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