Mantenimiento de un sensor de cefalópodos cósmicos

Elementos de atención

 

Durante los viajes vía agujero de gusano existe una considerable posibilidad de cruzar camino con un cefalópodo intergaláctico, si bien estas creaturas se alimentan de hidrogeno puro y son completamente inofensivas los impactos pueden causar desde daños al casco de la nave hasta alteraciones en el timón de criptonavegación gravitacional, por lo tanto, podemos suponer que un impacto con una de estas creaturas puede dejar varada a la tripulación en un sector inexplorado.

 

El mantenimiento de los sensores consiste en verificar su calibración semanalmente y remplazando la antena termoentrópica por lo menos una vez al año.

 

Procedimiento

 

Procedimiento Calibración de un sensor de cefalópodos cósmicos
Tipo de mantenimiento Preventivo
Equipo Sensor termoentrópico
Tipo de equipo Electrónico de precisión
Ubicación Sonda de navegación por agujero de gusano.
Materiales a.     Solución de azul de metileno al 4%

b.     Agua destilada

Herramienta y/o equipo a.     Brocha de cerdas de policarbonato

b.     Juego de desarmadores

c.     Vaso de precipitado en Pyrex

d.     Multímetro

e.     Catalizador de micro voltaje

Tiempo Cuarenta minutos por sensor
Personal 1 persona
Pasos

 

  1. Abrir la caja del sensor
  2. Desmontar el sensor
  3. Cubrir el sensor con solución azul de metileno al 4%
  4. Llenar el vaso de precipitado en agua destilada
  5. Poner los dos electrodos del catalizador en el vaso de precipitado
  6. Verificar una conductividad de cero en el vaso de precipitado
  7. Sumergir el sensor en el vaso de agua destilada
  8. Encender en catalizador y ajustarlo a 18 µΩ
  9. Esperar 20 minutos
  10. Apagar el catalizador
  11. Enjuagar el sensor en agua destilada
  12. Colocar el sensor
  13. Cerrar la caja
  14. Tomarse una cerveza lager

 

Procedimiento Reemplazo de una antena termoentrópica en un sensor de cefalópodos cósmicos
Tipo de mantenimiento Preventivo
Equipo Sensor termoentrópico
Tipo de equipo Electrónico de precisión
Ubicación Sonda de navegación por agujero de gusano.
Materiales a.     Antena termoentrópica en cobre

b.     Antena termoentrópica en aluminio

c.     Anetna termoentrópica en hueso de ballena

Herramienta y/o equipo a.     Juego de desarmadores

b.     Juego de llaves Allen

Tiempo Veinticinco minutos por sensor
Personal 1 persona
Pasos

 

  1. Abrir la caja del sensor
  2. Desmontar el sensor
  3. Retirar el juego de antenas
  4. Colocar la antena de aluminio
  5. Colocar la antena de cobre
  6. Colocar la antena en hueso de ballena
  7. Montar el sensor
  8. Montar un toro bravo
  9. Cerrar la caja del sensor

 

Frecuencia de actividades

 

Los sensores se calibrarán semanalmente

La antena se cambiará anualmente

Documentación necesaria

 

Las calibraciones se registrarán en bitácora (formato AY-12385-BV), el cambio de antena se registrará en bitácora (formato AY-12385-BV) junto con la garantía del fabricante.

Normatividad aplicable

 

NFPA 90170B 2406

9.2.2.2 Mantenimiento de sensores de cefalópodos.

Los sensores de cefalópodos deberán ser calibrados con brochas de baja conductividad y materiales de bajo pH.  

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La camioneta

Apenas eran las ocho y ya estaban a 6 grados centígrados, iba a ser una noche fría, larga y fría. Vio la camioneta y la analizó: Camioneta blanca, modelo nacional, para servicios de carga ligera, placas de otro estado y una capa de mugre cubriendo la mitad inferior del vehículo, una apuesta ligera, dinero fácil.

Encendió la sirena, de una manera la camioneta se orilló, el oficial caminó dando pasos fuertes para ahuyentar el frio.

—¿Le puedo servir en algo oficial? —Había dos hombres dentro de la camioneta, una mirada rápida al vestuario de ambos le ayudó a decidir que en realidad el copiloto era el jefe.

—Una revisión de rutina, ¿Me da por favor su licencia, tarjeta de circulación y verificación del vehículo? —El oficial se puso a hacer tiempo en la patrulla, no tenía intención de detener a este vehículo, los autos corporativos rara vez tienen algo en desorden, por otro lado los pasajeros son empleados cansados que solo quieren llegar a casa, ellos están dispuestos a desprenderse de algo solo para poder descansar.

—Usted es el jefe ¿No es así? —El hombre en el asiento de copiloto emitió un suspiro y se bajó de la camioneta, había algo extraño en cómo se jorobaba el hombre, le dirigió una mirada completamente condescendiente.

—Dígame oficial ¿Está todo en orden? —Algo en el tono del hombre hacia obvio que todo está en orden y él lo sabía.

—Sus papeles están en orden señor, pero la ley exige que todos los vehículos de carga especifiquen en los laterales de la caja que son vehículo de carga y su camioneta tiene ambos lados en blanco señor. —El sujeto caminó hasta el lateral del vehículo y observó la camioneta por algunos segundos procesando la información, volteó ligeramente la cabeza.

—¿Una ley federal señor? —El tono de voz se escuchaba cansado, apático y con una violencia contenida.

—Una ley municipal jefecito, pero no se preocupe, mañana temprano van a a poder recuperar su camioneta.

—Perfecto, ¿Necesita un inventario de la carga? —Algo no estaba saliendo bien, generalmente en este momento había una pequeña suplica en la voz.

—Usted se ve que es el jefe, evítenos el papeleo a ambos, ¿No se quiere ir a su casa?

El hombre volvió a suspirar, dejó caer sus hombros y caminó a la cajuela.

—¿Sabe cómo me convertí en jefe? —no esperó una respuesta. —Estudiando, ¿Usted tiene hijos? ¿Oficial?

—Uno de ocho años señor. —Había un dejo de tartamudeo en la voz.

—¿Le gustaría enviarlo a la universidad?

—A todos ¿No señor?

El hombre abrió la cajuela.

—Te puedes llevar los que quieras, si solo te llevas uno te diré cuál es el truco, pero si quieres abusar de tu buena suerte me quedaré con la boca cerrada.

Brillaban, la maldita camioneta estaba cargada con lingotes de oro, eran por lo menos tres camas de lingotes de oro, no los había tocado, pero se veían más pesados y reales que el mismo.

—¿Y si te arresto y me los llevo todos?

—Haga lo que quiera oficial, mañana estaré de nuevo en las calles, que le diga el truco depende de usted.

El oficial no notó los guantes de asbesto que el hombre se ponía.

—Piénselo un poco oficial, son 864 lingotes de oro, si me los quitara todos ¿No llamaría mucho la atención? Ayúdese un poco, elija uno y mande a su hijo a la universidad.

El oficial eligió uno que lucía ligeramente más grande que los otros, tal vez solo fuera la luz, pesaba casi cinco kilos, brillaba con fuerza y estaba frio.

—Consígase una caja de herramientas, metálica con pintura roja, de las que estén hechas de plomo, meta el lingote allí y envuelva la caja con cinta aislante, entiérrelo en un lugar seguro, cuando su hijo tenga edad para la universidad véndalo. Para entonces la radiación ya se habrá disipado.

La camioneta se alejaba en el rubor del atardecer, al oficial las manos le daban una comezón incomoda, tal vez fuera la radiación, tal vez fuera la culpa.

 

Nota del cerdo:

Sigo enviando textos desde la carretera, no puedo ver como quedan

Las aproximadas y promediadas profecías del cerdo.

A continuación una serie de predicciones realizadas por Pigasus[1] el cerdo profeta, de hecho todos los cerdos conocen el futuro[2], pero a Pigasus le interesaba el fin de los tiempos así que realizó una lista de los eventos que desencadenarían el fin de los tiempos porcinos y probablemente humanos.

    1. (Año 0) En las convenciones de comics caerá en desuso la tendencia de combinar el disfraz de la princesa Leia (en situación de esclavitud) con otros personajes de la cultura pop, de hecho se considerará de mal gusto y caerá en prohibición tacita, a partir de este año comenzará la cuenta regresiva del tiempo y de los eventos restantes al fin del mundo.

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      Aquí vemos un cosplay de la princesa Leia con Merry Poppins, cortesía de Instagram.
      Seguimos a salvo.

 

  • (Año 1) Se desatará la controversia cuando el primer ministro canadiense prohíba el uso de camisetas hawaianas en el congreso.
  • (Año 1) Catorce ballenas encallarán en la bahía de Loreto, todas regresarán por sus propios medios al océano, después de una visita rápida al autoservicio.
  • (Año 2) Se derrumbará el puente que une Dinamarca con el resto del mundo. Tardarán dos semanas en descubrirlo.
  • (Año 3) Un incendio matará indirectamente a la mitad de China continental, habrá amenazas de separación.
  • (Año 5) A la camioneta se le poncharán las cuatro llantas durante un viaje de carretera.
  • (Año 8) Se realizará la primera propuesta de matrimonio gay entre dos líderes de estado.
  • (Año 13) La navidad se retrasará un día.
  • (Año 21) El super-tazón terminará en una trifulca después de que la transmisión fuera interrumpida por comerciales.
  • (Año 34) Muere el último dentista.
  • (Año 51) El grupo coral de las Islas Caimán gana la competencia mundial en Roma.
  • (Año 85) Se libera el Kraken, los japoneses lo capturan y lo comercializan en latas de comida para perro.
  • (Año 136) Greenpeace gana la demanda contra el sindicato de pescadores japoneses, se reanuda la investigación para clonar al Kraken.
  • (Año 221) México gana la copa del mundo.
  • (Año 357) Comienza la industria del Remake con películas antiguas que han perdido los derechos de autor. Casablanca y Star Wars resultan un éxito.
  • (Año 578) La libra esterlina se desploma hasta los cincuenta y seis gramos.
  • (Año 935) El anticristo abdica debido al trato irrespetuoso que recibe de los humanos.
  • (Año 1513) Un terremoto abre una grieta liberando una fuente de agua subterránea, el sol y el CO2 en la atmosfera alteran la acides de la charca de agua fósil, eliminando el ultimo ser vivo presente en la tierra.

 

Nota de cerdo:

Liberen el profeta que todos llevamos dentro y díganme más profecías.

[1] Pig-Cerdo Asus-Compañía fabricante de computadoras de alto rendimiento.

Juntos suenan como Pegasus, que era un caballo alado. Estos equinos  se extinguieron debido a la inutilidad de sus alas, huesos frágiles y su tendencia a la homosexualidad.

[2] Que usualmente implica la muerte en pos de los productos cárnicos.

Rojo

Rojo, pendiente de las sombras que se aglomeraban a mí alrededor, noté el purpura sangriento que se acumulaba en el cielo. Puntos blancos se dispersaban a través del firmamento cual estrellas paisanas en la alegoría de la bóveda nativa.

Aquellos puntos aislados carentes de nombres codificados o nombres en un manual de navegación, son sin embargo parte de aquellas historias y nombres particulares que los hombres obsequian a los regalos que conservan después de milenios. Hombres que jamás existieron.

Anónimas e indiferentes aquellas estrellas permanecieron silenciosas mientras atravesaba el yermo solitario en busca de la respuesta final.

― ¿Así que jamás existimos? ―

El universo me contestó con su frio silencio, el esquivo sonido del viento entre las rocas me ofreció una segunda opinión: Una respuesta pesimista y depresiva generada por la ausencia de un pasado probable en los albores de la existencia.

La grava acumulada alrededor de mis pies contaba su historia de fortaleza y erosión, rocas imponentes generadas a partir del polvo espacial se han alzado ante los milenios soportando estoicamente la cruel caricia del viento. Desgastadas hasta el infinito las rocas pierden imponencia mientras se transforman en polvo. El viento erosiona, más el tiempo es quien realiza el degaste.

Mi mente cruje mientras la soledad tritura mi psique con los molinos de la desesperación, mi piel endurecida por la radiación de una estrella innombrada se erosiona mientras el viento en una suave lisonja letal remueve células muertas de mi cuerpo. Una partícula a la vez, no hay prisa, el tiempo es  eterno donde no hay hombres para contarlo.

―¿Valió la pena? ¿Esto es el logro final de todo el desarrollo científico? ―

Dios esta donde tres clamen su nombre, mas no hay tres y jamás existieron. Al igual que los cientos de millones que poblaron y murieron el vacío del espacio, el creador no estuvo ni estará aquí, jamás existirá porque jamás existimos nosotros. Mientras veo rojo hasta el infinito pienso en la realidad de los ateos, que solo lograron tener razón cuando logramos negar nuestro propio origen.

El ritmo de mis pasos se transforma en punzadas de desolación, mientras escucho el crujido del suelo mi mente divaga sobre recuerdos que jamás sucederán. Roja, neblina roja que acapara todo, cubre mis ojos cegando mis sentidos. Mis dientes rechinan mientras los granos se introducen en la roca.

―¿Por qué estoy aquí? ¿Acaso no es suficiente con que nadie exista? ―

Como respuesta escuché el rítmico murmullo del oleaje, independiente de mis actos en este mundo irrelevante, las leyes de la física conservan su independencia a los actos de los hombres. Las leyes de la naturaleza son una constante eterna en cualquier universo.

Me arrojaré a aquel océano estéril, que las bacterias que llevo conmigo se alimenten de mi cuerpo inerte. Que sean sus descendientes quienes habiten la tierra.

Test venusiano de personalidad.

El siguiente test de personalidad le ayudará a conocerse mejor a usted mismo, además le proporcionará información relevante sobre sus posibilidades para sobrevivir en un ambiente socialmente hostil.

Por favor considere que este test no es avalado por ninguna autoridad científica ni religiosa y que sus amistades lo consideraran un fenómeno en caso de efectuarlo y no compartir los resultados.

Conteste honestamente las siguientes preguntas, recuerde que mentirse a sí mismo no le proporciona ningún beneficio, pero comentar sus resultados lo hará 0.25% más atractivo.

  1. ¿Eliges tu ropa interior de manera que convine con tu abrigo?
  2. ¿Sientes alguna aversión contra las personas que cabalgan jirafas?
  3. ¿En algún punto de tu vida has considerado adquirir juguetes sexuales de segunda mano?
  4. En caso de tener que elegir entre una pala y un vaso Old Fashioned ¿Cuál utilizarías para agredir a tu vecino?
  5. Los calendarios deben comenzar en domingo o lunes.
  6. ¿Te consideras moralmente superior ante las personas que no comparten tu nivel educativo o estudiaron administración de empresas?
  7. ¿Incluyes frases innecesarias en el correo electrónico? Para nombrar un ejemplo: Saludos cordiales, Quedando a sus órdenes o Espero que veas a tus hijos morir torturados.
  8. ¿Opinas que el ejercicio físico es algo que tu religión debería prohibir?
  9. ¿Cabaña en Port Prince o Villa en Santorini?
  10. ¿Sientes constantes ataques de Ira dirigidos hacia las personas que utilizan zapatos de lona en eventos formales?
  11. ¿Aconsejas que la ortografía es un elemento superfluo en los correos electrónicos, aunque eso disminuya tus ventas de bienes raíces?
  12. Un plato caro ¿debe contener ingredientes exóticos o debe ser fabricado con porcelana de primera?
  13. ¿De qué color es la magia?
  14. ¿Has entrado a una tienda solo porque el encargado(a) te parece atractivo?
  15. ¿Preferirías morir en martes o jueves?

Un estudio realizado por mí, demostró que aquellos que comentan y comparten este test de personalidad son 4% menos feas que la mayoría de los mutantes de la cloaca 8.  En caso de ser un respetado psicólogo, que considera que las personas sin entrenamiento en el campo no son aptas para diseñar test de personalidad, amablemente le informamos que su mamá está bien fea.

Gusanito, Mandrágora y los rinocerontes blancos.

La mandrágora gigante se estableció en Nueva York afectando la vida nocturna de la ciudad. La planta fosforescente de veinte metros de alto brindaba iluminación gratuita a los habitantes del puerto. A cambio el diabólico vegetal exigía como sacrificio a una virgen lasciva.

Virgen sacrificable
Virgen sacrificable

Si, leíste bien lector. Una flor gigante puede brindar luz y calor a una metrópoli completa. A cambio una vez al mes el vegetal pide el sacrificio de una jovencita dispuesta. No cuenta si a la chica le duele la cabeza. Por su puesto que no se vale mentir, la planta se dará cuenta.

La perversa flor requiere una sobredosis de hormonas femeninas para sobrevivir. Para evitar contagiarse de enfermedades venéreas la planta exige que sean vírgenes. Las asociaciones religiosas originalmente se opusieron a permitir sacrificios humanos en la mayor ciudad del mundo, pero los biólogos y los electricistas defendieron a la inmensa flor adjudicando que no existía una sola religión que no hubiera sacrificado vírgenes previamente.

La planta bioluminiscente, entregaba por medio de sus raíces excesos de energía química, que a su vez eran utilizados para abastecer la ciudad de energía “barata” y “limpia”. Además elevaba el porcentaje de áreas verdes en un 56% y reducía la temperatura en verano 15°F.

Aparecieron numerosos beneficios sociales: las calles mejor iluminadas redujeron los índices de criminalidad, la planta mejoró la imagen de la ciudad, bajaron los índices de CO2 en la costa este, se comió a las hijas de varios candidatos republicanos (Que por supuesto eran las vírgenes lujuriosas más sencillas de encontrar.) Evitando que los republicanos aumentaran en número y por ultimo; muchas jovencitas deseosas de alargar su vida bajaron sus estándares mínimos para tener relaciones sexuales.

El sector conservador norteamericano no toleró por mucho tiempo la existencia de la planta. La derecha norteamericana es famosa por oponerse a tres cosas, a continuación se mencionan en orden de mayor a menor prioridad:

  1. El sexo premarital.
  2. Las energías alternativas.
  3. Los sacrificios humanos.

Originalmente la estrategia de la derecha consistía en sacrificar principalmente minorías. Lamentablemente la mandrágora gustaba de la dieta  variada y fue necesario que se entregaran algunas chicas blancas protestantes y eso movilizó al sector conservador.

En un arranque de flexibilidad nuestros amigos republicanos recurrieron a la ingeniería genética. Se creó a gusanito. Una lombriz de tierra con muchos esteroides que media un kilómetro y pesaba 7 toneladas. El insecto se arrastró por el subsuelo neoyorkino  hasta llegar a su combate con la planta.

Vista aérea de la batalla.
Vista aérea de la batalla.

La batalla fue épica y le dio al gusano la experiencia requerida para una lucha posterior que tendría con rana en el subsuelo de Tokio. (Esa es otra historia.) Victorioso el animal consumió con tranquilidad a la monumental flor. La piel de la lombriz emanaba combustóleo por todo el lugar que transitaba ayudando a reparar los daños económicos que un ser de su tamaño solía generar. Hasta que le dio por destruir edificios.

Siendo tan buen negocio, fue más sencillo evacuar Nueva York que sacrificar al insecto. El único ser al que el insecto realmente respetaba era a los rinocerontes blancos así que fue necesario clonar varios para cuidar las fronteras de la ciudad. Eventualmente se hizo un descubrimiento; El gusanito requería comer a un hombre caballeroso y elegante una vez a la semana o no produciría combustóleo. No podía ser un sujeto cualquiera, debía ser un hombre guapo, atento, amable y educado independientemente de la situación.

La lombriz requería la testosterona para sobrevivir y generar el combustible. No se podía perder la independencia energética y la bestia era exigente con la presentación de su alimento. Algunas asociaciones civiles exigían el sacrificio del animal pero fueron refutadas cuando se demostró que no eran los primeros caballeros que se sacrificaban por una causa noble.

Con el tiempo llegó un invierno que hubiera matado a la mandrágora, la lombriz cavó un agujero y desapareció por mucho tiempo.

Divertimento dickiano

Esta es la ultima (al menos de momento) de las colaboraciones de MENA; autor y dibujante que comparte con nosotros su inspirador trabajo. puedes contactarlo en el formulario de abajo y tambien puedes comentar.

(Humorada inspirada por un párrafo de “Return match” de Philip K. Dick)

Tras la devastación que significó el Aquello, se pensó que todo había terminado irremediablemente.

Con el 99,99% de la población mundial evaporada o fundida en alguna de las cinco oleadas, ¿qué esperanza podía haber para los miserables sobrevivientes? ¿Qué ganas podía quedarle a ese 0,01% salvado milagrosamente por hallarse circulando por el metro de la ciudad al momento del Aquello?

¡Pero sí hubo uno que se alzó entre la muchedumbre gimiente! Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado, se levantó y arengó a los sobrevivientes.

—¡Compañeros, hermanos! —comenzó, encaramándose en el gran pilar del reloj en la Estación Central del metro (inexplicablemente, todos los trenes habían seguido su trayecto hasta llegar a la estación, reuniendo en un solo lugar a los únicos humanos vivos aún sobre el entero planeta)—: ¡No desfallezcáis!, no todo está perdido. Creo que puedo guiaros hacia un nuevo y brillante futuro —concluyó.

Todos los presentes se miraron unos a otros, desconcertados… No tanto por lo que había dicho el hombre sino por el cómo lo había dicho. ¿De dónde había sacado eso de “desfallezcáis” y “guiaros”? ¿Quién era ése que hablaba como protagonista de película porno?, se preguntaron en sus corazones.

El desconcierto, sin embargo, duró la nada misma y todos volvieron a sus propias y post-Aquellísticas preocupaciones. Pero Juan Ramiro Inostroza Ceballos no era tipo que se amilanara tan fácilmente. Se encaramó aún más por el pilar hasta quedar sentado sobre el reloj que, cosa extraña, seguía andando cuando todos los otros relojes se habían detenido.

—¡Escuchadme, hermanos! Sé de…

—¡Oye, flaco! —le interrumpió uno de los supervivientes—, ¿pa’qué hablái como actor porno?

Un gran murmullo de afirmación recorrió la Estación Central.

—¿Qué es porno? —preguntó un niñito. En realidad, el único niño presente.

Pssst… cabro chico —le respondió con desdén una niña no más grande que él. La única niña presente.

—¡Escuchadme! —insistió Juan Ramiro Inostroza Ceballos—. ¡Os tengo una gran noticia! ¡Sé cómo podéis salvaros!

—¿Y cómo, según tú? —preguntó alguien más, que luego se volvió a la persona a su lado y le confidenció—: Seguro que es actor porno y la sífilis le jodió la cabeza.

Mmm… —asintió la otra.

Juan Ramiro Inostroza Ceballos se puso de pie sobre el reloj y, desde ese precario equilibrio, por fin les expuso su plan:

—A las afueras de la ciudad, bajo el Cerro de la Virgen Preñada, existe una base secreta del gobierno donde un cohete espera a ser lanzado. ¡Ese cohete es vuestra última esperanza!

El silencio se apoderó de la gigantesca Estación Central. Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado, se estiró aún más sobre el reloj. ¡Una voz había sido alzada en medio del desierto Aquellístico, anunciando la venida del Salvador en forma de cohete! El 0,01% sobreviviente de la población mundial contuvo el aliento durante un instante que pareció eterno. En el filo mismo de la aniquilación total de la humanidad un hombre ofrecía esperanza y consuelo. ¡Que se alzaran los vítores y las aclamaciones! ¡Que se entonaran himnos de alabanza y regocijo!…

 

El silencio se rompió, sí, y de modo abrupto además, pero no por las loas del 0,01%, sino por la risotada de todos los sobrevivientes confinados en la Estación Central. Apretándose la guata, todos se agitaron riendo a mandíbula batiente. Unos intentaban enjugar sus lágrimas en medio de la carcajada general. Otros, apenas aguantaban el pichí entre las piernas. Grandes y chicos. Hombres y mujeres (hasta el par de travestis que volvía de la periferia). Viejos y jóvenes. Adultos y niños (es decir, los dos únicos niños presentes). Todos reían sin parar…

Juan Ramiro Inostroza Ceballos, orgulloso, levantó el puño en alto (qué puño levantó, poco importaba ya tras el Aquello… si es que alguna vez, en realidad, había tenido importancia) y gritó a todo pulmón, sintiéndose victorioso:

—¡¡¡SÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!!!

La muchedumbre enmudeció, congelados en el gesto y el movimiento. Hasta que uno gritó desde el fondo de la estación:

—¡Cállate, coño ridículo!

Juan Ramiro Inostroza Ceballos, desde su atalaya, vio como la marea cambiaba. Uno tras otro, le daban la espalda volviendo a sus propias disquisiciones.

—Pero… ¡escuchadme! Os lo suplico… Preguntaos, ¿qué podéis perder?… ¡Dadme una oportunidad!

Tal vez fue el tono suplicante de Juan Ramiro Inostroza Ceballos… o fue que todos los supervivientes no tenían nada mejor que hacer y, al fin y al cabo, un poco de diversión a costa del ridículo actor porno no tendría por qué ser un desperdicio… El asunto es que, al tiempo que volvían a mirarle, decidieron hacerle caso.

—Ya, suéltala —le conminó alguno.

—Compañeros en el infortunio y la desgracia. Debéis acompañarme… ¡AHORA! —arengó a viva voz, al tiempo que saltaba desde el reloj y caía de hocico contra el piso embaldosado de la Estación Central.

Se recompuso inmediatamente y, tras escupir sangre, les hizo señas con la mano para que le siguieran a la calle.

—Oye… —le preguntó al oído el niño a la niña—, ¿qué es coño?

La niña lo miró y ¡ploc! le pegó un chirlito en la frente, tras lo cual se apresuró a salir de los primeros para así perder al fastidioso niño.

 

El paisaje en la avenida principal de la ciudad era todo lo desolado y triste que uno pudiera imaginarse. Fuera de la Estación Central se notaba el paso del Aquello por las calles de la otrora ruidosa urbe.

El grupo de supervivientes, guiados por Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado, avanzó entre la generosa destrucción, cuchicheando entre sí en voz muy baja, como si estuviesen en medio de algún servicio religioso mortuorio.

A la zaga del grupo, el niño apuraba el paso, tropezando aquí y allá. Gimoteaba y estiraba el cuello tratando de encontrar a la niña. Pero ella, con paso muy resuelto, avanzaba a la par de Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aunque eso le significara casi correr para mantener el tranco.

 

—¡Helo aquí! —dijo Juan Ramiro Inostroza Ceballos a los pies del cerro—. ¡El Cerro de la Virgen Preñada! Dentro de él encontraréis el cohete que habrá de salvaros.

El 0,01% superviviente alzó la vista hasta lo alto del gran cerro, donde una gigantesca y descabezada estatua blanca de la Virgen en estado de gravidez abría lo que quedaba de sus brazos hacia el cielo enrarecido. El cielo heredado del Aquello.

—Oiga, joven —se adelantó una viejecita—, ¿y cómo se entra al cerro? Porque yo, desde que tengo memoria, nunca he sabido que haya algo dentro del cerro, ¿sabe, usted?

La muchedumbre asintió, completamente de acuerdo con la viejecita. Un nuevo murmullo se alzó desde el gentío reunido. Juan Ramiro Inostroza Ceballos alzó la mano pidiendo silencio.

—¡Hermanos míos! —Para hablarles, ahora se había encaramado sobre un bus volcado—. Habéis confiado en mí y os he guiado hasta las faldas del Cerro de la Virgen Preñada. Os pido sólo un poco más de fe, pueblo mío…

Alguien saltó ante el bus y lo interrumpió:

—¿”Pueblo mío”?… ¿Sabí qué? Voh no hablái como actor porno… ¡voh hablái como en película de semana santa!

—¡Sí! —le siguió otro—: Pa’ mí que te creí Moisés…

Sí, sí. Gritaron todos. ¡Es un fraude!, clamaron unos. ¡Linchémoslo!, sentenciaron otros. Y se abalanzaron contra el bus con los puños en alto.

—¡Calmaos! ¡Calmaos! —Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado, intentó apaciguarlos, pero al ver que la cosa pintaba color de hormiga, saltó por el otro lado del bus y corrió cuesta arriba por un amplio sendero.

Al darse cuenta de la fuga, el 0,01 % se enardeció y partió tras el prófugo de habla extraña.

Abajo, sentada sobre una piedra ennegrecida, quedó la niña, alisándose la falda y resoplando con fastidio. Acaso, ¿podría empeorar todo?, se preguntaba observando a la turba perderse por el sendero.

—¡Llegué! —la vocecilla de pito la sobresaltó. Se dio vuelta y… ¡sí podía empeorar todo!… ahí estaba el niñato insoportable. La niña volvió a resoplar, resignada.

 

Al mismo tiempo, Juan Ramiro Inostroza Ceballos se internaba por una huella prohibida para el público. La cadena con el cartelito de “No pasar” que impedía la entrada a los curiosos, había desaparecido en la primera oleada.

Corrió entre los arbustos, esquivando las grandes piedras que el Aquello había dejado desperdigadas por todo el lugar. Tras él, los gritos furibundos de los supervivientes se sentían cada vez más cerca.

—Joder… que casi lo logro —se dijo a sí mismo… Justo cuando una mano enorme lo detuvo, tirándole a tierra.

—¡Ya tengo al actor porno! —gritó el cazador.

Los demás aparecieron, apretujados, de todas direcciones, como si los árboles mismos los parieran uno tras otro.

—Aquí está el profeta —confirmó el primero en acercarse. A estas alturas, existía una gran confusión entre el 0,01% respecto de la identidad verdadera de Juan Ramiro Inostroza Ceballos, nombre por el cual nadie lo conocía, a decir verdad.

—Mira lo que hace la sífilis… —sentenció una mujer, meneando la cabeza y santiguándose.

—¿Y qué hacemos ahora? —preguntó alguno y todos se quedaron callados, dirigiéndose furtivas miradas entre ellos.

Juan Ramiro Inostroza Ceballos aprovechó el desconcierto y se medio incorporó. Lo preciso para señalar con el dedo magullado hacia una roca gigantesca y murmurar, escupiendo tierra, hojas y otras cosas de dudosa procedencia:

—La puerta, pardiez… La puerta…

 

La miraron con el mismo asombro con que un bebé recién nacido mira al mundo que lo rodea. Unas letras pintadas que casi desaparecían tras el súbito óxido de la cuarta oleada, permitían leer “Base militar ultra-secreta. Si usted está leyendo esto…” y nada más. Pero lo justo y preciso para que las quiméricas promesas de salvación de Juan Ramiro Inostroza Ceballos cobraran palpable realidad. Porque era consenso entre la humanidad antes del Aquello que en las bases secretas militares siempre se ocultaban grandiosos prodigios imposibles de imaginar… y ésta no era una base secreta cualquiera sino que una ¡ultra-secreta!

Olvidando al malogrado Juan Ramiro Inostroza Ceballos, se lanzaron frenéticos hacia la puerta, apelotonándose en torno a ella de tal modo que ninguno alcanzaba a tomar la manilla y girarla.

Enquistados en su afán, sólo logró apaciguarlos una voz que, serena y segura, avanzaba desde la retaguardia hacia adelante. ¡Era Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado!

—Permitidme —exhortaba—; si os he dirigido hasta este sitio, por fuerza he de guiaros más allá.

Y esta vez, abrumados por los acontecimientos, no cuestionaron ya sus dichos sino que se abrieron, dándole paso hasta la manilla misma.

¡Por sobre el acento español de la península que tanta controversia había despertado en el 0,01%, ahora se alzaba la figura de Juan Ramiro Inostroza Ceballos como el héroe beatífico que efectivamente habría de guiarlos a la salvación!

No había puesto aún su mano sobre la manilla cuando ya algunos comentaban “Yo lo conocía de antes”, “Yo lo ayudé a subir al reloj” o “Yo le creí desde un principio”. Pero cuando intentó girar la manilla y ésta no se movió… y volvió a intentarlo… y volvió… y volvió… y nunca se movió, el caprichoso 0,01% regresó a sus primeros comentarios: “Te dije que era un fraude”, “Es un aparecido”, “Yo nunca le creí”.

Juan Ramiro Inostroza Ceballos hizo un último, aparatoso y estéril esfuerzo.

—¡Me cago en Dios y la hostia! —gritó enloquecido y pateó la tozuda puerta. La turba retrocedió con cautela: no era muy bueno que digamos quedarse cerca de un loco airado tirando a berserker.

—La sífilis… —empezó a comentar alguien, mas un leve rechinido ahogó su frase. De hecho, hasta el mismo Juan Ramiro Inostroza Ceballos se quedó inmóvil, chorreando baba entre los labios hinchados por los anteriores golpes…

¡La puerta se abrió por sí sola, exhalando un vaho a herrumbre, tiempo y silencio a la vez!

—Me cago en… —musitó Juan Ramiro Inostroza Ceballos y alguna viejecilla pechoña (que de forma muy terca siempre sobreviven a las catástrofes más grandes) respondió:

—Amén.

Con una reverencia casi mística, uno a uno, con Juan Ramiro Inostroza Ceballos a la cabeza, los sobrevivientes penetraron en el cerro. Avanzaron por un largo y tortuoso pasillo a oscuras, expectantes de lo que la siguiente esquina pudiera depararles, alerta el ánimo para, esperaban, la mejor noticia que el post-Aquello les brindara. ¡Y no resultaron desilusionados!: el pasillo comenzó a descender y descender hasta que sintieron agua bajo sus pies y luego ascendieron y ascendieron hasta que la luz artificial les encegueció por completo para, de inmediato, revelarles el corazón mismo de la base militar ultra-secreta, una gigantesca cúpula en cuyo centro, sobre una pista demarcada por líneas fosforescentes, descansaba un cohete del tamaño de un titán. Plateado y estilizado, apuntando al cenit de la bóveda de metal y piedra, y —rogaban con el corazón encogido— a la anhelada salvación.

—¿Veis?… ¿Veis? —acotó Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado, abarcando con un ademán de la mano todo lo que estaba a su vista—. La capacidad del cohete es suficiente para acogeros a todos vosotros y volar hacia un nuevo y brillante futuro. ¿Qué opináis?

La multitud gritó enfervorizada y se precipitó hacia el cohete de plata, en alocada carrera a las escalinatas de acceso.

—¡Esperad! ¡Esperad! —intentaba calmarlos Juan Ramiro Inostroza Ceballos, viéndose arrastrado por el verdadero tsunami humano.

Sin embargo, la turba no se detuvo hasta que todos estuvieron dentro del cohete… entre ellos, el mismo Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aún más magullado que antes.

—¿Dónde está la sala de control? —clamó uno de los más exaltados, subiendo hacia la punta del cohete.

—¡Acá! ¡Acá! —respondió otro desde algún nivel superior y pronto un gran número de los supervivientes pujaba por llegar a la sala de control.

Consternado, Juan Ramiro Inostroza Ceballos también se abrió paso entre el 0,01%. Bajo el influjo de la delirante amnesia que les subyugaba, ahora nadie parecía acordarse de él y por cada paso que daba, retrocedía tres. Pero la misma clase de determinación con la que había logrado convencer a toda la muchedumbre sobreviviente en la Estación Central de la ciudad, ahora lo llevó, por fin, a la sala de control. Justo cuando alguien se adelantaba con el dedo índice enhiesto hacia el panel de navegación, preguntando:

—¿Y este botón color caramelo?

—¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOoooooooooooooooooooo!!!… —gritó Juan Ramiro Inostroza Ceballos con las últimas y exiguas energías que le quedaban. Pero no fue suficiente para detener al susodicho dedo índice enhiesto que, con irrefrenable curiosidad, hundió el también susodicho botón color caramelo.

—¡Ese es el botón…! —alertó Juan Ramiro Inostroza Ceballos antes que un potente rugido engullera sus palabras. Sólo los que estaban a su lado se dieron cuenta de que el desesperado aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado caía de rodillas y se encogía sobre sí mismo.

El cohete plateado tembló y su base comenzó a vomitar fuego y humo. Hubo un breve cruce de miradas interrogativas y todos gritaron al unísono “¡A la salvación!”. Entonces el cohete se elevó…

 

Desde el piso, Juan Ramiro Inostroza Ceballos volvió a repetir para sí:

—Ese es el botón… de ignición… y la compuerta de salida está cerrada. Vamos a chocar contra el techo…

Lo que, por supuesto, aconteció de inmediato: El cohete se elevó con toda su titánica potencia no más de cien metros y se estrelló contra el domo de la base militar ultra-secreta. La punta se acható y el cohete siguió pujando contra el metal y la roca, escorándose contra la pared cóncava, hasta que el motor recalentado hizo estallar el combustible desintegrando todo el plateado armatoste, nivel por nivel, borrando de la faz de la tierra al 0,01% sobreviviente. Más efectivo que el Aquello, si se puede decir tal cosa.

Afuera, el cerro se sacudió en sus cimientos y, acto seguido, colapsó sobre sí mismo, hundiendo los restos de la Virgen Preñada, junto a los sueños de salvación de los supervivientes, para siempre entre una enorme nube turbia de polvo, escombros y demases.

 

A casi una cuadra de ahí, en una heladería abandonada, la niña seguía insistiendo con la manilla de la máquina de helados soft, pero nada salía de la boquilla. Muy contrariada, pateó la máquina justo cuando el cerro de la Virgen Preñada sucumbía ocasionando un fuerte temblor.

La niña se miró el pie, sorprendida, y volvió a patear la máquina de helados para ver qué pasaba. Esta vez no hubo temblor sino un ensordecedor estruendo que la lanzó de bruces al suelo.

Antes de incorporarse, la alcanzó la espesa nube de polvo y, en medio de ella, el agudo chillido del niño:

—¡Uaaaaah!… ¡Quiero a mi mamá! ¡Quiero a mi mamá! —lloriqueaba desesperado desde algún sitio. La niña escuchaba su grito en sordina… pero lo escuchaba.

—¡Por la…! —maldijo y se puso en pie. Se alisó la falda y subió las calcetas que habían caído sobre sus tobillos—. Me lleva… el muy hijo de la gran perra… —volvió a jurar, antes de taparse la boca con un delicado pañuelo que llevaba en el bolsillito de su chaleco rosa y salir a la calle en penumbras.

Entrecerró los ojos, como si quisiera aguzar la vista, en busca del niño lloricón. Lo encontró de inmediato, su silueta encorvada, estremeciéndose con fuertes ahogos.

—Quiero a mi mamá… quiero a mi… ¡Ay! —La niña, apenas estuvo junto a él, lo espabiló con un golpe en la nuca.

—¿Y qué te pasa a ti? —le increpó de inmediato.

El niño alzó los ojos vidriosos y, haciendo un enorme puchero, hundió la cara en el vientre de la niña, quien le rechazó con asco.

Sácate, cabro moquillento.

Dio media vuelta y se alejó del niño, pero, a poco andar, se dio cuenta de que él la seguía. Se detuvo en seco y lo encaró, con los puños apretados a los lados de su cuerpo:

—¡¿Qué quieres ahora?!

El niño bajó la vista y preguntó con una vocecita casi imperceptible:

—¿Qué pasó? ¿Dónde están los tíos?

La niña estiró el cuello por sobre él, mirando hacia dónde solía estar el Cerro de la Virgen Preñada.

—Pasa —contestó, cruzándose de brazos— que el Cerro de la Virgen Preñada se derrumbó con todos los ridículos esos adentro.

—Entonces… sólo estamos los dos solitos.

—¡No, cabro chico! —La niña hundió el dedo índice en el pecho agitado del niño remarcando cada una de sus palabras—: significa que yo estoy sola y estás solo… Cada cual por su lado… ¿Entendiste? —Volvió a pegarle un chirlito en la frente e hizo ademán de irse.

Sin embargo el niño la cogió del borde del chaleco.

—¡¿Qué quieres ahora?! —lo conminó con una mirada que echaba chispas.

—Es que… ¿Qué es Virgen Preñada?

La niña se soltó de un manotazo.

—Mira… —le amenazó agitando el puño ante los enrojecidos ojos del niño—, Virgen es cómo te vas a quedar para siempre… y Preñada es lo que yo nunca voy a estar… ¿Está claro? —Dicho esto, le dio un empujón que dejó al niño sentado y se perdió entre los escombros.

El niño se puso a llorar a viva voz hasta que se cansó, aspiró los mocos que colgaban de su nariz y partió con paso cansino por el mismo camino que tomó la niña, suspirando cada tanto.

Arriba, un viento frío y desolado empezaba a soplar sobre la ciudad… en realidad, sobre el mundo entero. Tras la devastación que significó el Aquello, todo había terminado irremediablemente.

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PATOS

¡Patos!

Hay seis personas alrededor del paciente en coma; su esposa, un médico, tres enfermeras y su mejor amigo. Todos miraron  a Saúl con ojos esperanzados.

Hace dos horas: el doctor Saúl Micas había encendido su primer prototipo de “el motor entrópico inverso”. Este motor utilizaba la entropía del universo para generar energía eléctrica limitada, el prototipo había sido diseñado para poder generar ocho voltios, pero ya tenía los cálculos para un motor capas de abastecer todo Shanghái. Una vez encendido el equipo el multímetro anuncio que el motor producía siete coma ochenta y cinco voltios.

Hace una hora cincuenta y seis minutos: el edificio de una planta donde se realizó el experimento se derrumbó sobre los científicos que trabajaban en el motor de entropía inversa.

Hace dos horas ocho minutos: la esposa y el mejor amigo de Saúl se bañan juntos.

Hace una hora cuarenta y dos minutos: los paramédicos de centro de investigación rescatan a los científicos del derrumbe, los escombros son anormalmente ligeros.

Hace un segundo: Saúl despertó del coma.

Un segundo después: el doctor Micas es declarado muerto.

Cuatro horas después: una tormenta eléctrica coincide con un terremoto.

Dos días después: las tormentas eléctricas prevalecen mientras los terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, deslaves de tierra e incendios forestales  compiten por el premio a la catástrofe natural más destructiva.

Ocho semanas después: el núcleo de la tierra colapsa sobre sí mismo y el planeta se convierte en una serie de escombros flotantes que emiten electricidad estática.

Dos años después: el sistema solar  es una serie de fragmentos dispersos por el cosmos.

Catorce años después: el universo disperso ha perdido el 100% de su entropía. El motor empieza a extraer su propia entropía.

Catorce años un segundo después: la energía acumulada durante los últimos catorce años al no poder trasladarse ni transformarse empieza a generar atracción entre los cuerpos.

Catorce años nueve minutos después: toda la materia del universo esta unificada, esta masa es demasiado inestable y explota.

Catorce años diez minutos después: se crea el universo.

Hace cincuenta y ocho años, dos meses, cuatro días, dos minutos nueve segundos: Saúl falla un tiro directo a la canasta, a manera de maldición grita ¡PATOS! Todos sus amigos ríen, después de esto Saúl dirá ¡PATOS! cada vez que cometa un error.