Rock Vegetal

—Luz 18000K— Comentó Manuel en voz baja mientras su gafas fotosensibles se ajustaban al cruel resplandor  artificial del laboratorio .

La técnico del laboratorio de clonación se volteó en un ademan que no veía desde tercero de primaria, cuando Miss Astrid se retiraba su vista del pizarrón para impartir brutal justicia entre los niños platicones.

—Disculpe ¿dijo algo?— La técnico enrolló su lapicera en el único mechón de cabello que llevaba suelto, algo en la postura de sus brazos decía que la visita se pospondría hasta que repitiera su comentario.

—Luz a color  e intensidad de temperatura a 18000 kelvin, si no me equivoco.

—¡Oh! ¡Por supuesto! Las lámparas fueron calibradas a esa intensidad para acelerar el crecimiento de las células vegetales injertadas en los clones.

—¿Quiere decir que mi próximo baterista es mitad patata?

La técnico hizo una mueca demostrando que no apreciaba el humor o que el chiste había sido repetido hasta el cansancio, en todo caso ya no quedaban posibilidades para ligar con ella.

—El doctor Sánchez le atenderá en unos minutos, vea el catalogo de músicos mientras espera.

Allí estaban, en vitrinas mirando al vacio, vikingos rubios, inadaptados de Liverpool, invasión latinoamericana, rebeldes de San Francisco, Aventureros Texanos, los músicos experimentales en su versión europea y de la costa este.

Cada uno de ellos desnudo esperando ser activado y programado para fabricar  dinero, había dos maneras de conseguir al nuevo ídolo musical, podías organizar un realete show con una competencia cruel saturándola de chantaje emocional o podías virilizar el video de unos chicos salidos de la nada.

La parte buena de los chicos salidos  de la nada es que nadie investiga si eran clones, los hacías interpretar tu canción, los gravabas, compras un millón de visitas y el algoritmo termina el trabajo, a fin de cuentas Un millón de personas no pueden estar equivocadas.

El doctor Sanchez lo sacó de su ensueño.

—¿Ya sabe qué nombre va a tener la banda?

—Iba a dejar que ellos eligieran, pero me preocupa que mis músicos se pongan muy creativos así que tomaré un articulo al azar de la wikipedia y de allí sacaré el nombre.

—Es una idea de lo más original. ¿Quiere que les hagamos un tatuaje antes de despertarlos? Suele ser más sencillo así.

—¿Tiene algún costo extra?

El doctor Sánchez golpeó el cristal donde un joven con rasgos de marino británico crecía a la luz UV, hermosas técnicos de laboratorio cortaban el follaje excedente que crecía en su cabello y depilaban las raíces que se esmeraban a crecer en los pies.

—En la compra de más de cinco la personalización es gratis.

—Habrá que tatuarlos y perforarlos a todos excepto a mi bajista, el va a ser el niño bueno de la banda.

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Las Groupies se venden por separado.

En el escenario Crocias langbianis exitaba al público sus canciones de mezcla experimental con rock nórdico y blues de suroeste  se mezclaban con las letras profundas diseñadas para anidar en la psique de la juventud.

Cantaban sobre no conocer sus orígenes, carecer de propósito, el anhelo de los días soleados, mujeres hermosas con batas de laboratorio y el extraño deseo de enterrarse vivo en el bosque.

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[S.M.C.A. ] Porno paquidérmico

Marcos era un científico loco, de la clase caricaturesca que insiste en no estar loco mientras colecciona cerebros mutados en una torre tétrica. No así, su aplicación del método científico era digna de admiración.  Su búsqueda por resolver la crisis alimentaria lo había llevado a mutar diversos animales con la intención de obtener la mayor cantidad de carne con los mínimos costos de crianza y alimentación.

Carne que no requiriera el triple de su peso en forraje antes de estar lista para ser enviada al matadero, carne sabrosa y llena de nutrientes que pueda aparecer en cualquier supermercado, tienda de comestibles o cargamento de ayuda humanitaria.

Al principio intentó con las reses pero su comportamiento bovino encauzado a sufrir estrés, dificultaba la crianza orientada a la máxima producción de carne. Los humanos eran una opción, era fácilmente engordadles y se les podía mantener en un sedentarismo total sin causarles daños físicos que afectaran su sabor, pero eso sería de mal gusto y la asociación internacional de científicos podría retirarle los fondos.

Algo que el S.M.C.A. (Sindicato Maligno de Científicos Aberrantes) nunca le dice a los jóvenes universitarios es, que si pretendes unirte más te vale ser rico de abolengo porque de otra manera irás a la cárcel. Muchos malvados genios han optado por brindar sus servicios a gobiernos o terroristas internacionales puesto que el sindicato nunca les ofrece ayuda.

Marcos ya había optado por un primo lejano del humano; el elefante. En los obscuros recovecos subterráneos de las montañas cercanas a su torre. Jaulas llenas de elefantes con obesidad mórbida eran obligados a llevar el coito. Las capas de carne y grasa de centenares de toneladas eran incapaces de moverse por ellas mismas. Se necesitaban varias grúas para poner a dos elefantes en la misma jaula.  Además a los elefantes no les atraen los congéneres gordos. Todo eso anudado a la dificultad para identificar el sexo de un mamífero cuando se trata de una bola de carne amorfa.

La única manera de motivar a los animales era transmitiéndoles porno de elefantes. Películas eróticas para paquidermos con la intención de preparar psicológicamente a las bestias para una inseminación asistida.

Marcos no se preocupaba resolvería el problema de la reproducción costosa dentro de algunas generaciones de bolitas de carne.

Nota del cerdo: Los elefantes estaban tan gordos porque no defecaban nada, NADA.
Nota del cerdo: Los elefantes estaban tan gordos porque no defecaban nada, NADA.

Crisálida

Esta es una colaboración de Víctor Vila M. Quien colabora simultáneamente en la revista digital portalcienciayficción.com este cuento fue publicado en el número tres de la misma publicación.

Se presenta con el mismo título que ostentó en la revista.

 

Siento la familiar voz en mi cerebro;
—Buena hora. Tiempo de despertarse. Me he preparado con un aspecto de esos que a ti te gustan.
—¿De los que me gustan?
Reviso mi base de datos mental…
—Oh, sí… Lo que me gusta.
Me incorporo, dirigiéndome resuelto a la estadía principal. El campo de fuerza traslúcido de las paredes, refleja una preciosa nebulosa anaranjada.
—Ya estoy listo— Contesto mientras examino mis alrededores.
Como respuesta inmediata, una grácil y estilizada silueta se acerca desde la penumbra informándome mimosamente;
—Hoy tenemos una temperatura corriente de día soleado con brisa primaveral incluida.
Mi memoria hurga nuevamente en mis recuerdos… Y mis sentidos se van activando paulatinamente bajo esos parámetros, al igual que la estancia que me circunda.
Al momento, las paredes reflejan un paisaje maravilloso; hierba verde y flores multicolores, ondean mecidas por un travieso y leve viento que sopla.
Los sensores de recreación de ambiente se reajustan al instante; ya puedo oler el bello prado que lo envuelve todo y en segundos, formas de vida autóctonas tararean alegres melodías.
Mi acompañante llega enérgica a mi lado, e instintivamente, le digo;
—Eres un encanto, hoy estás muy hermosa.
—Es delicioso oír esas palabras— Me contesta sensiblemente complacida.
Ambos nos dirigimos gozosos hacia el centro de la pradera, y del suelo emerge pausadamente el habitual panel de control. Alargamos los brazos torpemente, y agarramos el programador cuantum conectándolo a nuestras redes neuronales.
La aseveración de datos funcionales es un tanto aburrida. No dura mucho, pero debemos seguir siempre las mismas directrices. En cada despertar es lo mismo, y así está estipulado invariablemente.
Entretanto, mantenemos solazados diálogos. Nada complicado, no sea que la tarea ensambladora resulte defectuosa. Todas las conversaciones son minuciosamente computadas y adheridas al banco de datos principal. Pasado poco tiempo, la ejecución programática funcional ha llegado a su fin. Nuestros datos matriciales se han fundido simbióticamente en el cuantum, y una noción perfeccionada de quien somos se ha perfilado en nuestras estructuras cognitivas y fisiológicas.
—Bueno, terminamos. ¿Qué hacemos hoy?— Me pregunta sonriente.
Ahora empieza el momento más esperado. Divagaciones, ejercicios mentales y demás interacciones, cubrirán nuestro estado consciente hasta que el sueño se apodere nuevamente por completo de nosotros.
Y en cada “lapso”, morimos. Nos reconforta pensar que sólo dormimos, pero sabemos que en realidad, dejamos de existir. Y volvemos de nuevo a la conciencia, a la vida… E intentamos en cada ciclo vital programar alguna información más sobre la que partir, pero lo cierto es que el conocimiento que se acumula en estos circuitos cuánticos, excede con creces nuestra capacidad de comprensión. Así que en nuestras crisálidas, despertamos periódicamente como un nuevo ser. Con recuerdos programados, aunque los consideremos propios. Y con una singular noción primaria de conciencia funcional que perdura, pero desconociendo por completo lo que seremos mañana o lo que fuimos ayer.

De qué especie somos realmente, en realidad nos es desconocido. Y dónde estamos, lo ignoramos. Pero nos tenemos el uno al otro, cuidándonos, hablando de cosas que creemos haber programado, y de muchas otras contenidas en la inconmensurable base de datos cuántica.
En qué momento empezó todo es fútil para mí, y como llegamos aquí, tampoco me consta. Lo único que sé es que no estoy solo, y que nos proporcionamos la compañía que necesitamos. Lo que desconozco es si mis deseos son obra de ella, o ella fruto de los míos. Porque quién programó a quién es una pregunta cuya respuesta, creo, ambos hemos olvidado.
A veces creo sentir que lee todos y cada uno de mis pensamientos antes, incluso, de que yo los conciba. Tal vez yo sea un mero programa de compañía. O quizá lo sea ella. O puede que ambos formemos parte de una simulación que se remonta al principio de los tiempos, y cuyo funcionamiento nos es velado. Aunque quizá…
—¿En qué estás pensando?— Me pregunta, interrumpiendo mis divagaciones.
—Oh, en nada…
Sin titubear, acerca su rostro y sus cálidos labios se funden en los míos. La experiencia me deja paralizado, perplejo. Pero es tan agradable.
Y exclamo candorosamente;
—Hoy me gustará descubrir los placeres de la especie…
Consulto mis recién implantados circuitos matriciales.
Oh, sí… Humana. Claro.