Treinta sermones del futuro, hoy

La iglesia es una institución que hoy en día pierde numerosos jóvenes debido a su estructura conservadora. Hoy aprovecho mi posición de escritor de ciencia ficción para sugerir 30 sermones que a corto plazo pueden llevar la salvación a los jóvenes.

Les recuerdo que esto es una respetuosa expresión de humor y debe tratarse como tal.

No me hagan ir allá abajo
No me hagan ir allá abajo

Puedes sugerir otros sermones del futuro en la sección de comentarios de abajo.

  1. 10 Superhéroes que necesitan escuchar sobre Jesús.
  2. ¡Hey hípster! Dios te amaba antes de que estuvieras de moda.
  3. Por qué James Cameron debe hacer una película sobre Josué.
  4. El promedio de vida de un IPhone es 6 meses, El amor de Dios es eterno.
  5. DEJA DE RASCARTE ALLÍ (El señor puede sanar tu alergia)
  6. 8 motivos por los que Jesús es mejor de Goku.
  7. ¿Quién es mejor? Moisés o tu padrastro.
  8. No hay cerveza en el infierno.
  9. Besé a una chica y me gustó. Leí la palabra y me gustó más.
  10. En el infierno le sigues debiendo dinero al banco.
  11. Al señor no le molesta que rompas la dieta.
  12. La bendición de ser más delgada y hermosa que tus amigas.
  13. Deja de publicar versículos en tus redes sociales y hazte un misionero de verdad.
  14. Somos una inversión más confiable que la del banco.
  15. Como saber si lo que te gusta es satánico
  16. Chuck Norris, Gabe Newell y otros falsos profetas.
  17. Jesús no se rasuraba y otros motivos para tener barba.
  18. Dios te ama a pesar de tu sobrepeso.
  19. Todos somos hermanos. (Independientemente de la consola o sistema operativo que utilicemos).
  20. Comida coreana y otras cosas nuevas y diferentes que puedes intentar sin pecar.
  21. La monogamia te hace más atractivo para las mujeres.
  22. Los programadores también pueden ser salvos.
  23. Prueba el Pastafarismo y regresa con nosotros.
  24. Unicornios, Dragones, Pokemon y otros animales de perdición.
  25. Tu salario y otras lecciones de humildad.
  26. 2000 páginas web que puedes visitar en vez de ver porno.
  27. Tener novio y varios chicos en friendzone también es pecado.
  28. El señor quiere que salgas de la friendzone. (y tus padres también)
  29. A las cuantas Selfies ya es vanidad.
  30. Como saber si esa película de Disney es una incubadora de pecado.

Coreo de Odio III

Porque ustedes lo pidieron (en realidad nadie lo pidió pero se lo ganaron) aquí está la selección del peor correo de odio de los últimos meses.

Yo no me considero un hombre machista pero es evidente que no soy popular entre las mujeres.

Evidencia fotografica o no hay disculpa
Evidencia fotografica o no hay disculpa

Debo aceptar que algunos de los comentarios que se reciben (independientemente de su calidad) tienen una justificación valida

Un resplandor para esta niña
Un resplandor para esta niña

Todo este odio femenino hacia mi trabajo se debe a dos cuentos basicamente Amazona y Modus Operandi Fructum. Si visitan cualquiera estas dos entrdas podran leer que hay numerosos insultos hacia los autores de los cuentos.

Hay tantas cosas mal en este correo
Hay tantas cosas mal en este correo
Y yo no me acostumbro a esto.
Y yo no me acostumbro a esto.

El buen escritor Cabre tiene un termino para estos comentarios: FEMINAZIS al parecer alguna lectora visitó mi pagina y encontro ofensivo el contenido. Con la ayuda de algunos foros de Empowerment reclutó a un ejercito de comentaristas hostiles que confirman la teoria de la Piña.

Por el momento estamos estrenando nueva imagen y el buzon así como los comentarios siguen abiertos a sus opiniones.

Gracias.

El arte de Mena

Como nuestros lectores ya saben Mena es uno de nuestros colaboradores fecuentes, aparte de escribir exelentes historias el tambien hace ilustraciones.

He aqui algunos de sus trabajos.

Úselo02 Úselo01

Robin sigue siendo un niño
Robin sigue siendo un niño
Un trabajo para los fans de Shakespeare
Un trabajo para los fans de Shakespeare

 

El modo de vida americano.
El modo de vida americano.
Que opinas del trabajo de Mena

Un poema antes de abandonar la galaxia

Hoy les comparto una publicación anónima, y es anónima porque el tipo que la mandó no me dejó nombre ni alias.

Klaus y Slvya están en el área común del puerto. Ella llora en los brazos de su amado, él le entregó su arma y le recito un poema.

 

Hoy puedes terminar con tu vida

También puedes acompañarme

Buscar rápido una fácil salida

Decidir que puedes amarme

 

Hoy puedes unirte a mi causa

No porque me creas o seas valiente

No porque me ames y tengas miedo

Hazlo por sabes lo que siento

 

Lo fácil es dejar todo por ti

Más me quieres en batalla

No amas a un hombre que huye

Y yo pretendo dar la talla

 

Ella le devolvió el rifle y lo besó en los labios, se había enamorado de un guerrero pero el poeta fue quien la armó de valor.

Mientras el crucero espacial se dirige a la batalla el Capitán Klaus Kostens, sonríe cuando se entera que su amada esposa Slyvia está reemplazando a su jefe de ingenieros. Ya no hay otra opción tiene que ganar la batalla, porque la mujer que el ama debe regresar sana y salva.

Envía un correo al poeta anónimo (sin insultos por favor)

Divertimento dickiano

Esta es la ultima (al menos de momento) de las colaboraciones de MENA; autor y dibujante que comparte con nosotros su inspirador trabajo. puedes contactarlo en el formulario de abajo y tambien puedes comentar.

(Humorada inspirada por un párrafo de “Return match” de Philip K. Dick)

Tras la devastación que significó el Aquello, se pensó que todo había terminado irremediablemente.

Con el 99,99% de la población mundial evaporada o fundida en alguna de las cinco oleadas, ¿qué esperanza podía haber para los miserables sobrevivientes? ¿Qué ganas podía quedarle a ese 0,01% salvado milagrosamente por hallarse circulando por el metro de la ciudad al momento del Aquello?

¡Pero sí hubo uno que se alzó entre la muchedumbre gimiente! Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado, se levantó y arengó a los sobrevivientes.

—¡Compañeros, hermanos! —comenzó, encaramándose en el gran pilar del reloj en la Estación Central del metro (inexplicablemente, todos los trenes habían seguido su trayecto hasta llegar a la estación, reuniendo en un solo lugar a los únicos humanos vivos aún sobre el entero planeta)—: ¡No desfallezcáis!, no todo está perdido. Creo que puedo guiaros hacia un nuevo y brillante futuro —concluyó.

Todos los presentes se miraron unos a otros, desconcertados… No tanto por lo que había dicho el hombre sino por el cómo lo había dicho. ¿De dónde había sacado eso de “desfallezcáis” y “guiaros”? ¿Quién era ése que hablaba como protagonista de película porno?, se preguntaron en sus corazones.

El desconcierto, sin embargo, duró la nada misma y todos volvieron a sus propias y post-Aquellísticas preocupaciones. Pero Juan Ramiro Inostroza Ceballos no era tipo que se amilanara tan fácilmente. Se encaramó aún más por el pilar hasta quedar sentado sobre el reloj que, cosa extraña, seguía andando cuando todos los otros relojes se habían detenido.

—¡Escuchadme, hermanos! Sé de…

—¡Oye, flaco! —le interrumpió uno de los supervivientes—, ¿pa’qué hablái como actor porno?

Un gran murmullo de afirmación recorrió la Estación Central.

—¿Qué es porno? —preguntó un niñito. En realidad, el único niño presente.

Pssst… cabro chico —le respondió con desdén una niña no más grande que él. La única niña presente.

—¡Escuchadme! —insistió Juan Ramiro Inostroza Ceballos—. ¡Os tengo una gran noticia! ¡Sé cómo podéis salvaros!

—¿Y cómo, según tú? —preguntó alguien más, que luego se volvió a la persona a su lado y le confidenció—: Seguro que es actor porno y la sífilis le jodió la cabeza.

Mmm… —asintió la otra.

Juan Ramiro Inostroza Ceballos se puso de pie sobre el reloj y, desde ese precario equilibrio, por fin les expuso su plan:

—A las afueras de la ciudad, bajo el Cerro de la Virgen Preñada, existe una base secreta del gobierno donde un cohete espera a ser lanzado. ¡Ese cohete es vuestra última esperanza!

El silencio se apoderó de la gigantesca Estación Central. Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado, se estiró aún más sobre el reloj. ¡Una voz había sido alzada en medio del desierto Aquellístico, anunciando la venida del Salvador en forma de cohete! El 0,01% sobreviviente de la población mundial contuvo el aliento durante un instante que pareció eterno. En el filo mismo de la aniquilación total de la humanidad un hombre ofrecía esperanza y consuelo. ¡Que se alzaran los vítores y las aclamaciones! ¡Que se entonaran himnos de alabanza y regocijo!…

 

El silencio se rompió, sí, y de modo abrupto además, pero no por las loas del 0,01%, sino por la risotada de todos los sobrevivientes confinados en la Estación Central. Apretándose la guata, todos se agitaron riendo a mandíbula batiente. Unos intentaban enjugar sus lágrimas en medio de la carcajada general. Otros, apenas aguantaban el pichí entre las piernas. Grandes y chicos. Hombres y mujeres (hasta el par de travestis que volvía de la periferia). Viejos y jóvenes. Adultos y niños (es decir, los dos únicos niños presentes). Todos reían sin parar…

Juan Ramiro Inostroza Ceballos, orgulloso, levantó el puño en alto (qué puño levantó, poco importaba ya tras el Aquello… si es que alguna vez, en realidad, había tenido importancia) y gritó a todo pulmón, sintiéndose victorioso:

—¡¡¡SÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!!!

La muchedumbre enmudeció, congelados en el gesto y el movimiento. Hasta que uno gritó desde el fondo de la estación:

—¡Cállate, coño ridículo!

Juan Ramiro Inostroza Ceballos, desde su atalaya, vio como la marea cambiaba. Uno tras otro, le daban la espalda volviendo a sus propias disquisiciones.

—Pero… ¡escuchadme! Os lo suplico… Preguntaos, ¿qué podéis perder?… ¡Dadme una oportunidad!

Tal vez fue el tono suplicante de Juan Ramiro Inostroza Ceballos… o fue que todos los supervivientes no tenían nada mejor que hacer y, al fin y al cabo, un poco de diversión a costa del ridículo actor porno no tendría por qué ser un desperdicio… El asunto es que, al tiempo que volvían a mirarle, decidieron hacerle caso.

—Ya, suéltala —le conminó alguno.

—Compañeros en el infortunio y la desgracia. Debéis acompañarme… ¡AHORA! —arengó a viva voz, al tiempo que saltaba desde el reloj y caía de hocico contra el piso embaldosado de la Estación Central.

Se recompuso inmediatamente y, tras escupir sangre, les hizo señas con la mano para que le siguieran a la calle.

—Oye… —le preguntó al oído el niño a la niña—, ¿qué es coño?

La niña lo miró y ¡ploc! le pegó un chirlito en la frente, tras lo cual se apresuró a salir de los primeros para así perder al fastidioso niño.

 

El paisaje en la avenida principal de la ciudad era todo lo desolado y triste que uno pudiera imaginarse. Fuera de la Estación Central se notaba el paso del Aquello por las calles de la otrora ruidosa urbe.

El grupo de supervivientes, guiados por Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado, avanzó entre la generosa destrucción, cuchicheando entre sí en voz muy baja, como si estuviesen en medio de algún servicio religioso mortuorio.

A la zaga del grupo, el niño apuraba el paso, tropezando aquí y allá. Gimoteaba y estiraba el cuello tratando de encontrar a la niña. Pero ella, con paso muy resuelto, avanzaba a la par de Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aunque eso le significara casi correr para mantener el tranco.

 

—¡Helo aquí! —dijo Juan Ramiro Inostroza Ceballos a los pies del cerro—. ¡El Cerro de la Virgen Preñada! Dentro de él encontraréis el cohete que habrá de salvaros.

El 0,01% superviviente alzó la vista hasta lo alto del gran cerro, donde una gigantesca y descabezada estatua blanca de la Virgen en estado de gravidez abría lo que quedaba de sus brazos hacia el cielo enrarecido. El cielo heredado del Aquello.

—Oiga, joven —se adelantó una viejecita—, ¿y cómo se entra al cerro? Porque yo, desde que tengo memoria, nunca he sabido que haya algo dentro del cerro, ¿sabe, usted?

La muchedumbre asintió, completamente de acuerdo con la viejecita. Un nuevo murmullo se alzó desde el gentío reunido. Juan Ramiro Inostroza Ceballos alzó la mano pidiendo silencio.

—¡Hermanos míos! —Para hablarles, ahora se había encaramado sobre un bus volcado—. Habéis confiado en mí y os he guiado hasta las faldas del Cerro de la Virgen Preñada. Os pido sólo un poco más de fe, pueblo mío…

Alguien saltó ante el bus y lo interrumpió:

—¿”Pueblo mío”?… ¿Sabí qué? Voh no hablái como actor porno… ¡voh hablái como en película de semana santa!

—¡Sí! —le siguió otro—: Pa’ mí que te creí Moisés…

Sí, sí. Gritaron todos. ¡Es un fraude!, clamaron unos. ¡Linchémoslo!, sentenciaron otros. Y se abalanzaron contra el bus con los puños en alto.

—¡Calmaos! ¡Calmaos! —Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado, intentó apaciguarlos, pero al ver que la cosa pintaba color de hormiga, saltó por el otro lado del bus y corrió cuesta arriba por un amplio sendero.

Al darse cuenta de la fuga, el 0,01 % se enardeció y partió tras el prófugo de habla extraña.

Abajo, sentada sobre una piedra ennegrecida, quedó la niña, alisándose la falda y resoplando con fastidio. Acaso, ¿podría empeorar todo?, se preguntaba observando a la turba perderse por el sendero.

—¡Llegué! —la vocecilla de pito la sobresaltó. Se dio vuelta y… ¡sí podía empeorar todo!… ahí estaba el niñato insoportable. La niña volvió a resoplar, resignada.

 

Al mismo tiempo, Juan Ramiro Inostroza Ceballos se internaba por una huella prohibida para el público. La cadena con el cartelito de “No pasar” que impedía la entrada a los curiosos, había desaparecido en la primera oleada.

Corrió entre los arbustos, esquivando las grandes piedras que el Aquello había dejado desperdigadas por todo el lugar. Tras él, los gritos furibundos de los supervivientes se sentían cada vez más cerca.

—Joder… que casi lo logro —se dijo a sí mismo… Justo cuando una mano enorme lo detuvo, tirándole a tierra.

—¡Ya tengo al actor porno! —gritó el cazador.

Los demás aparecieron, apretujados, de todas direcciones, como si los árboles mismos los parieran uno tras otro.

—Aquí está el profeta —confirmó el primero en acercarse. A estas alturas, existía una gran confusión entre el 0,01% respecto de la identidad verdadera de Juan Ramiro Inostroza Ceballos, nombre por el cual nadie lo conocía, a decir verdad.

—Mira lo que hace la sífilis… —sentenció una mujer, meneando la cabeza y santiguándose.

—¿Y qué hacemos ahora? —preguntó alguno y todos se quedaron callados, dirigiéndose furtivas miradas entre ellos.

Juan Ramiro Inostroza Ceballos aprovechó el desconcierto y se medio incorporó. Lo preciso para señalar con el dedo magullado hacia una roca gigantesca y murmurar, escupiendo tierra, hojas y otras cosas de dudosa procedencia:

—La puerta, pardiez… La puerta…

 

La miraron con el mismo asombro con que un bebé recién nacido mira al mundo que lo rodea. Unas letras pintadas que casi desaparecían tras el súbito óxido de la cuarta oleada, permitían leer “Base militar ultra-secreta. Si usted está leyendo esto…” y nada más. Pero lo justo y preciso para que las quiméricas promesas de salvación de Juan Ramiro Inostroza Ceballos cobraran palpable realidad. Porque era consenso entre la humanidad antes del Aquello que en las bases secretas militares siempre se ocultaban grandiosos prodigios imposibles de imaginar… y ésta no era una base secreta cualquiera sino que una ¡ultra-secreta!

Olvidando al malogrado Juan Ramiro Inostroza Ceballos, se lanzaron frenéticos hacia la puerta, apelotonándose en torno a ella de tal modo que ninguno alcanzaba a tomar la manilla y girarla.

Enquistados en su afán, sólo logró apaciguarlos una voz que, serena y segura, avanzaba desde la retaguardia hacia adelante. ¡Era Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado!

—Permitidme —exhortaba—; si os he dirigido hasta este sitio, por fuerza he de guiaros más allá.

Y esta vez, abrumados por los acontecimientos, no cuestionaron ya sus dichos sino que se abrieron, dándole paso hasta la manilla misma.

¡Por sobre el acento español de la península que tanta controversia había despertado en el 0,01%, ahora se alzaba la figura de Juan Ramiro Inostroza Ceballos como el héroe beatífico que efectivamente habría de guiarlos a la salvación!

No había puesto aún su mano sobre la manilla cuando ya algunos comentaban “Yo lo conocía de antes”, “Yo lo ayudé a subir al reloj” o “Yo le creí desde un principio”. Pero cuando intentó girar la manilla y ésta no se movió… y volvió a intentarlo… y volvió… y volvió… y nunca se movió, el caprichoso 0,01% regresó a sus primeros comentarios: “Te dije que era un fraude”, “Es un aparecido”, “Yo nunca le creí”.

Juan Ramiro Inostroza Ceballos hizo un último, aparatoso y estéril esfuerzo.

—¡Me cago en Dios y la hostia! —gritó enloquecido y pateó la tozuda puerta. La turba retrocedió con cautela: no era muy bueno que digamos quedarse cerca de un loco airado tirando a berserker.

—La sífilis… —empezó a comentar alguien, mas un leve rechinido ahogó su frase. De hecho, hasta el mismo Juan Ramiro Inostroza Ceballos se quedó inmóvil, chorreando baba entre los labios hinchados por los anteriores golpes…

¡La puerta se abrió por sí sola, exhalando un vaho a herrumbre, tiempo y silencio a la vez!

—Me cago en… —musitó Juan Ramiro Inostroza Ceballos y alguna viejecilla pechoña (que de forma muy terca siempre sobreviven a las catástrofes más grandes) respondió:

—Amén.

Con una reverencia casi mística, uno a uno, con Juan Ramiro Inostroza Ceballos a la cabeza, los sobrevivientes penetraron en el cerro. Avanzaron por un largo y tortuoso pasillo a oscuras, expectantes de lo que la siguiente esquina pudiera depararles, alerta el ánimo para, esperaban, la mejor noticia que el post-Aquello les brindara. ¡Y no resultaron desilusionados!: el pasillo comenzó a descender y descender hasta que sintieron agua bajo sus pies y luego ascendieron y ascendieron hasta que la luz artificial les encegueció por completo para, de inmediato, revelarles el corazón mismo de la base militar ultra-secreta, una gigantesca cúpula en cuyo centro, sobre una pista demarcada por líneas fosforescentes, descansaba un cohete del tamaño de un titán. Plateado y estilizado, apuntando al cenit de la bóveda de metal y piedra, y —rogaban con el corazón encogido— a la anhelada salvación.

—¿Veis?… ¿Veis? —acotó Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado, abarcando con un ademán de la mano todo lo que estaba a su vista—. La capacidad del cohete es suficiente para acogeros a todos vosotros y volar hacia un nuevo y brillante futuro. ¿Qué opináis?

La multitud gritó enfervorizada y se precipitó hacia el cohete de plata, en alocada carrera a las escalinatas de acceso.

—¡Esperad! ¡Esperad! —intentaba calmarlos Juan Ramiro Inostroza Ceballos, viéndose arrastrado por el verdadero tsunami humano.

Sin embargo, la turba no se detuvo hasta que todos estuvieron dentro del cohete… entre ellos, el mismo Juan Ramiro Inostroza Ceballos, aún más magullado que antes.

—¿Dónde está la sala de control? —clamó uno de los más exaltados, subiendo hacia la punta del cohete.

—¡Acá! ¡Acá! —respondió otro desde algún nivel superior y pronto un gran número de los supervivientes pujaba por llegar a la sala de control.

Consternado, Juan Ramiro Inostroza Ceballos también se abrió paso entre el 0,01%. Bajo el influjo de la delirante amnesia que les subyugaba, ahora nadie parecía acordarse de él y por cada paso que daba, retrocedía tres. Pero la misma clase de determinación con la que había logrado convencer a toda la muchedumbre sobreviviente en la Estación Central de la ciudad, ahora lo llevó, por fin, a la sala de control. Justo cuando alguien se adelantaba con el dedo índice enhiesto hacia el panel de navegación, preguntando:

—¿Y este botón color caramelo?

—¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOoooooooooooooooooooo!!!… —gritó Juan Ramiro Inostroza Ceballos con las últimas y exiguas energías que le quedaban. Pero no fue suficiente para detener al susodicho dedo índice enhiesto que, con irrefrenable curiosidad, hundió el también susodicho botón color caramelo.

—¡Ese es el botón…! —alertó Juan Ramiro Inostroza Ceballos antes que un potente rugido engullera sus palabras. Sólo los que estaban a su lado se dieron cuenta de que el desesperado aficionado a la ciencia ficción y escritor frustrado caía de rodillas y se encogía sobre sí mismo.

El cohete plateado tembló y su base comenzó a vomitar fuego y humo. Hubo un breve cruce de miradas interrogativas y todos gritaron al unísono “¡A la salvación!”. Entonces el cohete se elevó…

 

Desde el piso, Juan Ramiro Inostroza Ceballos volvió a repetir para sí:

—Ese es el botón… de ignición… y la compuerta de salida está cerrada. Vamos a chocar contra el techo…

Lo que, por supuesto, aconteció de inmediato: El cohete se elevó con toda su titánica potencia no más de cien metros y se estrelló contra el domo de la base militar ultra-secreta. La punta se acható y el cohete siguió pujando contra el metal y la roca, escorándose contra la pared cóncava, hasta que el motor recalentado hizo estallar el combustible desintegrando todo el plateado armatoste, nivel por nivel, borrando de la faz de la tierra al 0,01% sobreviviente. Más efectivo que el Aquello, si se puede decir tal cosa.

Afuera, el cerro se sacudió en sus cimientos y, acto seguido, colapsó sobre sí mismo, hundiendo los restos de la Virgen Preñada, junto a los sueños de salvación de los supervivientes, para siempre entre una enorme nube turbia de polvo, escombros y demases.

 

A casi una cuadra de ahí, en una heladería abandonada, la niña seguía insistiendo con la manilla de la máquina de helados soft, pero nada salía de la boquilla. Muy contrariada, pateó la máquina justo cuando el cerro de la Virgen Preñada sucumbía ocasionando un fuerte temblor.

La niña se miró el pie, sorprendida, y volvió a patear la máquina de helados para ver qué pasaba. Esta vez no hubo temblor sino un ensordecedor estruendo que la lanzó de bruces al suelo.

Antes de incorporarse, la alcanzó la espesa nube de polvo y, en medio de ella, el agudo chillido del niño:

—¡Uaaaaah!… ¡Quiero a mi mamá! ¡Quiero a mi mamá! —lloriqueaba desesperado desde algún sitio. La niña escuchaba su grito en sordina… pero lo escuchaba.

—¡Por la…! —maldijo y se puso en pie. Se alisó la falda y subió las calcetas que habían caído sobre sus tobillos—. Me lleva… el muy hijo de la gran perra… —volvió a jurar, antes de taparse la boca con un delicado pañuelo que llevaba en el bolsillito de su chaleco rosa y salir a la calle en penumbras.

Entrecerró los ojos, como si quisiera aguzar la vista, en busca del niño lloricón. Lo encontró de inmediato, su silueta encorvada, estremeciéndose con fuertes ahogos.

—Quiero a mi mamá… quiero a mi… ¡Ay! —La niña, apenas estuvo junto a él, lo espabiló con un golpe en la nuca.

—¿Y qué te pasa a ti? —le increpó de inmediato.

El niño alzó los ojos vidriosos y, haciendo un enorme puchero, hundió la cara en el vientre de la niña, quien le rechazó con asco.

Sácate, cabro moquillento.

Dio media vuelta y se alejó del niño, pero, a poco andar, se dio cuenta de que él la seguía. Se detuvo en seco y lo encaró, con los puños apretados a los lados de su cuerpo:

—¡¿Qué quieres ahora?!

El niño bajó la vista y preguntó con una vocecita casi imperceptible:

—¿Qué pasó? ¿Dónde están los tíos?

La niña estiró el cuello por sobre él, mirando hacia dónde solía estar el Cerro de la Virgen Preñada.

—Pasa —contestó, cruzándose de brazos— que el Cerro de la Virgen Preñada se derrumbó con todos los ridículos esos adentro.

—Entonces… sólo estamos los dos solitos.

—¡No, cabro chico! —La niña hundió el dedo índice en el pecho agitado del niño remarcando cada una de sus palabras—: significa que yo estoy sola y estás solo… Cada cual por su lado… ¿Entendiste? —Volvió a pegarle un chirlito en la frente e hizo ademán de irse.

Sin embargo el niño la cogió del borde del chaleco.

—¡¿Qué quieres ahora?! —lo conminó con una mirada que echaba chispas.

—Es que… ¿Qué es Virgen Preñada?

La niña se soltó de un manotazo.

—Mira… —le amenazó agitando el puño ante los enrojecidos ojos del niño—, Virgen es cómo te vas a quedar para siempre… y Preñada es lo que yo nunca voy a estar… ¿Está claro? —Dicho esto, le dio un empujón que dejó al niño sentado y se perdió entre los escombros.

El niño se puso a llorar a viva voz hasta que se cansó, aspiró los mocos que colgaban de su nariz y partió con paso cansino por el mismo camino que tomó la niña, suspirando cada tanto.

Arriba, un viento frío y desolado empezaba a soplar sobre la ciudad… en realidad, sobre el mundo entero. Tras la devastación que significó el Aquello, todo había terminado irremediablemente.

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LA PEQUEÑA HIJA DEL ABISMO

Esta y las proximas colaboraciones son de MENA; autor y dibujante que comparte con nosotros su inspirador trabajo. puedes contactarlo en el formulario de abajo y tambien puedes comentar.

(Léase mientras se escucha “La petite fille de la mer” de Vangelis)

La guerra entre Humanos y los Algyroides Marchi fue corta, tan corta como largas eran las ambiciones de los terrícolas una vez que dominaron los secretos del viaje intergaláctico.

Los Algyroides Marchi por su parte —de lo que pudo deducirse estudiando los escasos archivos sobrevivientes tras el genocida asalto humano— eran un pueblo de la vecindad del giro estelar, sin mayor ambición que la contemplación de los ciclos de los agujeros negros. Seres pacíficos unidos indeleblemente a sus amadas bestias, las Kullammak o Umgullick; preciosos animales que nadaban a través de las estrellas con la gracia de lo etéreo y la velocidad de lo tangible. Una simbiosis perfecta.

Exterminada la gran mayoría de los Algyroides Marchi —y en severos campos de concentración los escasos sobrevivientes—, los asesinos terrícolas se empeñaron en dominar a las Kullammak. Intuían que, bajo su férrea dirección, podían transformarse en formidables transportes y armas de guerra para conquistar todo el resto de la rueda galáctica.

Los Humanos procedieron con la violencia habitual de su raza para acelerar la domesticación de las Kullammak, pero pronto el intento derivó en una verdadera carnicería que dejó una mortal estela de aquellas nobles bestias a todo lo largo del giro estelar. Sus indefinibles y hermosos cuerpos flotando entre las estrellas que, antes de la aparición de la plaga terrícola, habían visitado y contemplado en absorta fascinación junto a los Algyroides Marchi. La desintegración de las pequeñas hijas del abismo nadando en la oscuridad del vacío, rumbo a la cuna donde se iniciaban los ciclos de los agujeros negros.

Los miopes terrícolas no fueron capaces de darse cuenta de ello: tras la desaparición de la última Kullammak, el último de los Algyroides Marchi se durmió para siempre. El uno no podía sobrevivir sin el otro. Y sin ellos dos —los Algyroides Marchi nadando junto a las Kullammak, sus amadas bestias—, el camino de los agujeros negros no podía ser trazado con claridad. Porque la labor noble y contemplativa de ellos era principalmente la de pastorear los grandes ciclos galácticos, de guiarlos de ida y de vuelta a través de los eones.

Los despreciables Humanos no se dieron el tiempo de pensar en ello, absortos en sus campañas de destrucción y conquista.

Hasta que el colapso de la entera galaxia alcanzó a los Humanos y los barrió de la existencia para, sobre su ignominioso despojo, sembrar en los abismos la semilla de nuevas y hermosas Kullammak que, a su vez, pudieran despertar a los pacíficos Algyroides Marchi.

 

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Amazona

Este es un cuento que nos envia Ms. Black Leather (Dios nos guarde) 

Al final hay un formulario para que le envien correos.

Tambien pueden comentar, pero no usen malas palabras.

Un día en el año 5000 existía un planeta parecido a la tierra en otra galaxia habitado únicamente por mujeres pero las mujeres no eran como los humanos. Contaban con una baja estatura aproximadamente 1:20 con un físico bien proporcionado y fuertes su piel transparente, cabello chocolate llegando a la cintura, ojos grandes, labios carnosos y colmillos. De vestimenta usan unas bandas en las piernas con parecido a un liguero pero se usan para colocar un cuchillo que a su madurez se lo obsequia la más anciana de la aldea, en el pecho solo usan collares y dejan al descubierto sus redondos y firmes senos, suelen usar falda de piel.

En la aldea se dividían las tareas unas cocinan otras limpian y otras cazan. Ahí se encontraba una chica llamada Apple que era cazadora junto con su grupo de amigas llamadas Tar. Cuando se dirigían a la jungla con sus cuchillos y lanzas Apple dijo -no quiero cazar hoy, deseo ir a explorar- las demás dijeron -tenemos que cumplir la cuota- ella indignada dijo -es verdad hay que separarnos- cuando se separaron ella decidió ir a explorar más allá de donde estaba permitido. Se dirigió a la jungla. La vegetación era densa, ahí caminando y encontrando nuevos seres vivos comenzó a invadirla el temor, ya que escuchaba unos ruidos que provenían detrás de ella. Giraba la cabeza pero no veía nada, Cuando se paró a descansar ya estaba distraída.

Un ser de gran tamaño dio un salto frente a ella, angustiada y sudándole las manos lo miro de pies a cabeza era de tamaño (entre 1:80 y 2:20, alto para la estatura que ella poseía) cabello naranja ojos rojos, dedos largos y huesudos, una estrella en el pecho, pómulos huesudos y nariz casi inexistente.

De la criatura salió un sonido que ella no entendía. Apple dijo: -no te entiendo- el rápidamente identifico el idioma y dijo -disculpa por asustarte mi nombre es: Orange, vengo de Un Planeta Azul de Sirio B, y la Constelación de Tauro, vine en busca de vida y alimento, te vi y te seguí.

Ella impresionada ya que no había visto otra cosa igual: él no tenía senos y el físico era algo musculoso. Le hizo una pregunta ¿tus senos donde se encuentran? el ríe y contesta -nosotros no poseemos tal cosa, eso solo las hembras ¿acaso no hay machos en este planeta?- Ella al no entender negó con la cabeza, entonces él con una sonrisa se atreve a quitarse la túnica dejando al descubierto su miembro largo y bien formado, Inquieta se acerca a observarlo y pregunta ¿que es? -es el órgano reproductor de un macho- ella se levanta la falda de piel dejando ver su vagina al descubierto, atónito mirando por la inocencia de Apple al preguntarle ¿cómo funciona?

Ellas se reproducían en la adultez, escupían como una saliva espesa y la colocaban en el rio días después llegaba un bebe flotando rio arriba.

Un poco apenado dice: -no sé cómo explicártelo lo tendría que hacer contigo para explicártelo- Apple le reclamó: ¡enséñame! impactado por la respuesta le toco rápidamente la vagina, ella se quedó helada por aquel movimiento, él se quedó pensando un momento y retiro su mano se puso la túnica, decidió no cometer esa barbaridad y marcharse ya que estaba invadiendo ese planeta puro, ella se reincorporo y él le dijo -olvida todo Apple yo regresare como un gran amigo.

Enviar un correo a Ms. Black Leather

IMPORTANTE si vas a enviar el tipico correo de odio elige otro cuento, este es de una colaboradora.

Correo de Odio II

Hola lectores, primero quiero que sepan que leo todos los correos que me envían y procuro responderlos personalmente, de hecho si algún amigo me ayudo a redactar la respuesta a su correo ustedes se enteran.

Estoy seguro que por mucho no soy la persona que recibe el peor correo de odio del mundo, pero a veces hay días en los que enserio logran desmotivarme.

Pero bueno les dejo algunos ejemplos de los correos que ustedes finísimos lectores me envían desde el anonimato de sus cuentas:

Los insultos, faltas de ortografia y evidencia de falta de lectura caracterizan esta joya.

mashate
Acaba de nacer un esteriotipo.

Algunas personas estan en contra de que los Hippies tengan acceso a internet. Este es un argumento a su favor.

 

Aqui tenemos un caballero que tiene su propio servidor y estaba buscando porno.

El lobo solitario se sentia solo, cuando encontro mi pagina
El lobo solitario se sentia solo, cuando encontro mi pagina

Yo no puedo complacerte, pero si una lectora quiere ayudarte; estare mas que feliz de contactarlos.

En este año solo dos personas me han enviado sus cuentos.

Nunca me doy a entender.
Nunca me doy a entender.

Así es amig@ escribe un cuento todos aqui (con eso me refiero solo a mi)  queremos leerlo

Recuerden comentar.

T-Rex de Troya/Arriesgándose a ir a prisión por la sonrisa de una completa desconocida o lo más cercano a una carta de amor que jamás he escrito*

Esto es un servicio a la comunidad, si conoces a la chica que recibio esta carta y ella quiere dar respuesta por favor ayudanos a contactarla.

Esta es una participación especial de un amigo que se hace llamar POZODRILO puedes retroalimentarlo en el cuestionario que esta debajo

Estoy completamente seguro de que voy a parecer un loco maniático cuando termines de leer esto. Aun así es importante que entiendas que soy un sujeto inofensivo que sería incapaz de hacer algo peor que incomodarte por algunos minutos.

Como es bien sabido los casos de asesinos seriales, estafadores, violadores y otros criminales, son conocidos y documentados en cualquier ciudad como la nuestra. Puedo asegurar que cualquier madre responsable hace las necesarias recomendaciones a sus hijas, de manera que cualquier señorita está bien advertida de los riesgos del contacto con extraños.

Yo estoy muy consciente de la importancia de esta educación por lo que no puedo culpar a las madres precavidas de los resultados de esta triste historia.

De lunes a viernes tomo el tren a las 8:30 de la mañana, puesto que soy una criatura de hábitos siempre utilizo la misma estación y el mismo vagón. Durante mi viaje matinal al trabajo ocasionalmente me encuentro a señorita de lo más atractiva, en cada una de estas ocasiones me encuentro le ofrezco mi más sincera y amigable sonrisa a la cual ella responde con una expresión similar al pánico o el asco.

Mientras que estoy atrapado en un círculo vicioso de sonrisas amigables y miradas de asco no puedo evitar pensar que la impresión que ella tiene de mi es la de un loco psicópata que un día la va seguir a su casa, cosa que de ninguna manera haría.

Afortunadamente para ambos mis ocupaciones me exigen cambiar mi lugar de residencia por lo que ya no va a ser necesario utilizar el tren. Faltando cinco días para mi cambio de residencia decidí escribir una carta y llevarla conmigo en todos mis viajes ferroviarios con la esperanza de encontrar a su dueña.

Muy buenos días.

Le escribo esta carta con la esperanza de que usted la lea y no se sienta ofendida, insultada o amenazada.

Durante el año pasado he tenido la oportunidad de compartir con usted el vagón  que utilizo para ir a trabajar, en cada ocasión en la que hemos tenido un encuentro casual (y créame todos fueron casuales) yo le ofrecí mi más sincera y amigable sonrisa y usted me respondió con una mueca similar al miedo o el asco.

Quiero que sepa que estoy consciente de que soy un completo extraño y de que usted no tiene la más mínima obligación de responder a mis sonrisas. Aun así usted no decide no ignorar mi ofrecimiento al parecer prefiere expresarme un completo disgusto de su parte, lo cual durante el año anterior me impulso a seguir sonriendo.

En todo caso para alivio de ambos mis ocupaciones exigen que cambie lugar de residencia a otra ciudad, lo cual implica que no me será posible abordar el tren y cualquier contacto visual entre nosotros ya no es posible.

Le deseo muy felices viajes…

Faltando tres días para mi viaje fuera del país la vi en la estación del tren me acerque y le coloque el sobre en las manos.

* Un titulo alternativo es: Grano de Maiz tratando de ligar en el tren o Carta de reclamo a la chica de cabello bonito

 

¿Alguna amiga tuya tiene esa carta? ¿Demandarias al autor por acoso?

Divorcio

El juicio del divorcio atormentaba a mi madre, que desde el hospital rezaba para que el sagrado matrimonio se conservara. A mí el juicio me resultaba un alivio. Sara tiene un pésimo gusto para los hombres (incluyéndome), catorce caballeros estuvieron dispuestos a testificar que tuvieron sexo en la casa, dos incluyeron la información de que copulaban mientras mi hijo estaba en la otra habitación, madurasycalientosas.net me suministró algunos videos de mi esposa, el juez había estado casado con mi suegra (y perdido el 65% de su salario por dos años de matrimonio) y para terminar Sara rechazó la prueba de ADN para nuestro hijo.