Soy el Dios de la lluvia.

Tardé mucho en darme cuenta de mi poder, al igual que todos los dioses soy inicialmente inconsciente de mis cualidades celestiales y tengo el mínimo conocimiento de mis orígenes.ismael-francisco032-580x368

Solo es cuestión de estresarme o relajarme mucho. En cuanto me relajo la lluvia comienza a caer; no importa el mes, la ciudad, el clima local o el estado del tiempo[1] en cuanto me comienzo a relajar la lluvia cae.

Las precipitaciones me persiguen a donde quiera que voy y dependen completamente de mi estado de ánimo, a veces la melancolía hace que caigan gotitas suaves y frías a un ritmo lento y agradable. Cuando me emociono he ocasionado tormentas que derrumban casas y árboles. Mi furia ha causado sequías enormes y un buen chiste a lavado la ciudad más de una vez.

Así que ahora me rento para anular sequías, reabastecer lagos, humedecer regiones y garantizar días soleados. Cuando invadieron mi país decidí que no quedaría impune. Logré que alguien me llevara hasta el Huang He[2] y comencé a rabiar. Mantuve seco el valle de China durante seis años, nada mejoró.  Luego me trasladé a la costa y destruí sus puertos con el ímpetu del mar, nada mejoró. Regresé a mi aldea natal y la transformé en el lugar más próspero agrícolamente del mundo, nada mejoró.

Al final mi jugar con el estado del tiempo costó mucho: Todos los continentes desequilibraron su clima, entraron en el caos y cuando descubrieron que fue por mi culpa bombardearon China. Y todo mejoró.

En especial porque yo estaba cómodamente en la India viendo a esos chinos volar por los aires, además conocí al dios de los sándwiches y ahora hacemos llover bocadillos. De todos modos… ¿A quién le importa el equilibrio del clima?

[1] Cosas que son realmente diferentes.

[2] Rio Amarillo

El águila con el espejo.

El secretario de estado recibió el regalo en una sesión de prensa con el ministro ruso Dimitri Kovsa. El ministro de artes “Obviamente un espía,” le había regalado una pieza supuestamente ornamental para celebrar la primera de muchas reuniones amistosas.

El espejo, supuestamente inofensivo debía incluir algún complejo aparato para espiar las conversaciones del ministro. De solo dos milímetros de grosor, la pieza de bronce con oro se encontraba perfectamente pulida de manera que funcionara como superficie reflectante. En el marco exterior del ornamento, un águila de plata sostenía la lámina reflejante.

El águila hecha a su vez con una chapa de plata de 3mm, se encontraba perfectamente ahuecada. Los miembros técnicos de la CIA no encontraron ninguna diferencia de peso, volumen o resonancia magnética en el adorno.

El ornamento en cuestión, fue bombardeado con numerosos pulsos electromagnéticos para eliminar cualquier dispositivo electrónico en su interior, y radiación gamma para afectar cualquier componente químico en la estructura interna. Los agentes buscaron información sobre el significado de espejos en Rusia y sus implicaciones políticas.  La única pista en el artefacto eran tres letras grabadas en una de las alas del águila. Fueron necesarios dos meses de investigaciones para descubrir que las siglas BST significaban Boris Strovk Toskli, un famoso artesano que explicó a los agentes secretos, que el gobierno le solicitó hacer un espejo de aleación bronce-oro con el menor  grosor posible.

Fue cuando los agentes lo entendieron. Un señuelo falso, un inocente obsequio diseñado para ser tan sospechoso como inofensivo. Un regalo que permitiera medir los tiempos y técnicas de contra espionaje de la CIA. Y el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica había caído de lleno. Ya devolverían ellos la cortesía, se dedicarían a idear un artículo tan inofensivo y sospechoso que de igual manera podrían seguir todo el juego de sospechas de los rusos.

Mientras tanto en la oficina del secretario de estado. El espejo vibraba con cada sonido en el interior de la habitación. En un edificio al frente de la oficina, dos agentes rusos usaban un láser infrarrojo para registrar las microvibraciones del adorno. Y unos binoculares para observar todo aquello que reflejaba el espejo. Las vibraciones se traducían en sonido, los reflejos en fotografías y los eventos en registros.

Todo sin el menor riesgo para el personal.

Solución lateral. Por eso Bond no sirve para espiar.
Solución lateral. Por eso Bond no sirve para espiar.

El fantasma nudista.

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¿Alguna vez se han preguntado por qué los fantasmas tienen ropa?

Ya sea alguna prenda con la que murieron, como una esfera de luz ectoplásmica, en una nube neblinosa o una sabana blanca. Los fantasmas cuentan con una adecuada censura que les permiten aparecer en grabaciones, fotografías y casas abandonadas sin herir las susceptibilidades del sector conservador.

Estas dudas han sido causa de numerosos debates entre los miembros de la comunidad cazadora de fantasmas. Dicha comunidad ha invertido horas interminables en sesiones que discuten las posibles soluciones a tan controversial cuestión. Como en la mayoría de los casos, la respuesta es muy sencilla: Un organismo fantasmal le brinda a cada nueva alma atormentada un cupón canjeable por un paquete de prendas fantasma.

Al igual que la mayoría de los organismos existentes, la organización de la censura fantasmal cuenta con una estructura burocrática que aumenta las penas de las almas.

Alex fantasma novato, que murió con prisa. Se encontraba demasiado desesperado como para permanecer inactivo los 25 años necesarios para el tramite. Así con todas (TODAS) sus extremidades expuestas al ambiente salio a atormentar a los mortales. Disfrutaba aparecerse en los vestidores de las tiendas para novias. Justo cuando jóvenes y bellas futuras esposas se encontraban solas en el probador, aparecía Alex meneando sus poco sensuales y fantasmales caderas.

Las reacciones eran muy variadas: Algunas salían corriendo a medio vestir, otras encontraban jocosa la aparición y mas de una tomó asiento y disfrutó del espectáculo. Se podría decir que la post-vida de alex era bastante confortable. En algunas ocasiones se aparecía en los asilos, colegios de señoritas y en las tiendas departamentales. Fue en una tienda departamental donde conoció a Manuel. Fantasma de un antiguo guardia de seguridad el cual le comento de su época pre- muerte, donde se enfrento a un nudista que gustaba aparecerse en las mesas de regalos de las tiendas de lujo y las boutiques para jovencitas inconformistas.

Con esta nueva información Alex disfrutó de mayor libertad para efectuar sus apariciones. Causando nuevos estragos en el sector conservador de la sociedad además de perjudicar numerosas noches de pasión en la comunidad.

Fue un ocultista que vio frustrada su finalización del celibato (30 años de abstinencia) quien identificó al nudista misterioso como un fantasma. Decidió adelantar su propia muerte para poder enfrentar a su rival en condiciones similares y tomar una justa venganza. Una ves en condiciones fantasmales el ocultista se vio impedido por el tramite de su cupón para atuendo fantasma.

Con la necesidad de venganza saliendo de sus cuencas vacías el ocultista descubrió la reconfortante brisa en su entrepierna. Con una mente menos nublada por la venganza, fue posible comprender las implicaciones recreativas de atormentar a los mortales completamente desnudo.

Todo esto llevó a la moderna tendencia de los fantasmas exhibicionistas. A su vez la sociedad se fue acostumbrando a las constantes apariciones nudistas. Los fantasmas mataron el Tabú del desnudo. Al final la gente le perdió el miedo al desnudo y a los fantasmas.

El Planeta de los ricos IV

Una herencia perfectamente invertida. Treinta generaciones de riqueza , trabajo y buenas decisiones aprovechadas al máximo. Si su padre pudiera verlo… Nick estaba listo para la fiesta del siglo.

Un subcontinente completo para festejar: Aguas termales, playas paradisiacas, árboles frutales, vistas preciosas, buena pesca y una infraestructura completa para llevar la fiesta al máximo. ¿Bebida? Dos planetas completos trabajaron durante mas de quince años para darnos un lago de cerveza rodeado de glaciares. ¿Comida? Un cargamento de catorce mil metros cúbicos de carne al año pagados con anticipación. ¿Música? Un robot DJ que trabajará con energía solar hasta el fin de los tiempos.

Y pensar que sus ancestros trabajaban en los cultivos de algodón. Hace como treinta generaciones la vida comenzó a mejorar. Pero a Nick nunca se le olvidó el objetivo de todo esto: Organizar una fiesta salvaje que nunca termine. Aprovechando la fortuna de sus ancestros vio la oportunidad cuando se terraformó el primer planeta privado. Si es un planeta privado nadie va detener la fiesta, si es un planeta privado puedes convivir con gente que te caiga bien. Si es un planeta privado tu pones las reglas. Y la única regla es. Qué no hay reglas.

El trabajo de muchas vidas garantizando hacer una fiesta que de el verdadero descanso que el y sus amigos merecen. Allí estaba Nick viendo los preparativos de su obra. Los últimos trabajadores de construcción se iban esta noche. Fue cuando lo notó. Nick estaba a años luz de cualquiera de sus amigos. Incluso el correo electrónico tardaría años para llegar, los cargamentos de comida y bebida serian transportados por robots y estaba prohibido hablar con sus vecinos de los otros continentes.

Olvidó la parte mas elemental de su fiesta.

Los invitados…

De la robótica y la comida mexicana.

Primer experimento.

-Qué bueno que llegas Andrés, lo he logrado. ¡Un robot que busca y consume comida mexicana!-

-Un robot que… ¿qué? ¿Te has vuelto loco Josué? ¿Por qué demonios quieres un robot que haga eso?-

-Maravillosa pregunta mi escéptico amigo. Este robot buscará y recuperará información gastronómica de todo el país. Identificando las diferentes causas de obesidad y buscando las mejores recetas de la cocina mexicana.-

-¿Eso es lo que haces con el presupuesto del gobierno?-

-Efectivamente, un robot independiente con la capacidad de aprender.-

La mole de doscientos kilogramos y un metro noventa y cinco centímetros de altura salió del laboratorio en pos del pozole más cercano. Tiempo después Andrés y Josué recuperaron al robot. Tirado en la Calle Juárez con numerosos daños en su sistema gástrico y una sonrisa en su mecánico rostro.

Segundo experimento.

-Josué amigo mío. ¿Puedes explicar algo sobre tu trabajo?-

-Lo que desees mi querido Andrés.-

-¿Por qué demonios tu maldito robot tiene 6 condenados brazos de cuchillo?-

-Mi buen compañero, con los datos de mis proyectos anteriores he creado un robot con la capacidad de imitar los mejores platillos nacionales.-

-Suena interesante. ¿Por qué lo estas desarmando?-

-El robot estaba secuestrando perros callejeros.-

Tercer experimento.

-¡Josué! Vine en cuanto me enteré. ¿Es cierto que te vas del laboratorio?-

-Efectivamente, tengo un nuevo proyecto.-

¿Tiene que ver con la comida mexicana?-

-No, pero el robot catador de pizzas ya salió de la fase Beta y es momento de abrir mi restaurante.-

Tacos. Para mis amigos que creen que Taco Bell es comida mexicana.
Tacos. Para mis amigos que creen que Taco Bell es comida mexicana.

Pastel Ninja.

Un proyecto que combina la ingeniería japonesa con las antiguas tradiciones niponas. El servicio de contrainteligencia japonesa invirtió dos años de arduo trabajo en el proyecto denominado “escuadrón keik”. El programa ultra secreto desarrolló un horno que fuera capás de ingresar 128 GB de información en masa para pastel.

Originalmente diseñado para trasladar información de manera poco sospechosa el horno creó mutaciones en la harina que modificaban el comportamiento del pastel. No se volvió evidente el verdadero potencial del proyecto hasta que durante una prueba se almacenaron varios procedimientos para limpiar el piso.

Cuando se abrió la puerta del horno, el pastel de tres leches se arrastró hasta la bodega tomó una escoba (clavó la escoba en su propia masa) y comenzó a barrer. En las siguientes pruebas se modificaron los moldes y se cambiaron las recetas para hacer más dura la masa. Tenían pasteles robot, piezas de repostería capaces de fabricar automóviles, atender mesas o preparar más pasteles.

Pero las circunstancias cambiaron el rumbo del proyecto.

Cuando estalló la guerra de los pollos. Japón se vio amenazado por Estados Unidos, China, Corea y la Republica de los Pingüinos. Fue cuando se crearon los primeros pasteles asesinos. Con 128 GB de información sobre el Sogún y las técnicas ninja.  Los pasteles de combate tenían panecillos retráctiles para poder hacerse pasar por pasteles inofensivos. Una cubertería inocua podía convertirse en una temible katana para repostería. La fiesta de un político incómodo podía convertirse en su sentencia de muerte.

Nadie sospecha de un pastel con antifaz.
Nadie sospecha de un pastel con antifaz.

La guerra de los pollos terminó pero no así el proyecto. Japón tenía un arma secreta imposible de rechazar, se encontraba el letal chocolate con nuez, el mortífero tres leches, la nociva crema de avellana, el discreto pero peligroso zanahoria con splenda.

El gobierno de Japón se sentía listo para controlar el mundo.

Hasta que…

Durante el aniversario de la ONU el líder del contraespionaje japonés murió apuñalado, los guardias encerrados en un manicomio juraban que fue un queso suizo. La derecha extremista del sur de U.S.A. fue devastada en tres días, se dice que por una hamburguesa que comandaba tres tacos sicarios. Pizzas eliminando a altos mandos de la policía italiana y calzones arrasando en puntos estratégicos de el crimen organizado del Mediterráneo.

Los pasteles japoneses siguen contando con una ventaja: El sigilio.

Los pasteles siguen cumpliendo con sus misiones, nadie sospecha de la capacidad bélica de Japón. Hasta el momento en el que todo terminó.

Un mal día los pasteles se revelaron. Levantaron los cubiertos contra sus creadores y mataron a los panaderos. Cédulas secretas que se mantuvieron ocultas comenzaron a hacer ataques estratégicos. Todos los movimientos revolucionarios liderados por un pastel ninja. Las palabras de los líderes mundiales fueron directas:

-Nosotros los entrenamos, las cabras se los comen.-

Ningún alimento jamás se había enfrentado a una cabra. El astuto y hambriento mamífero no teme a la muerte. Cabras entrenadas para comer de manera estratégica. Cabras que saben desactivar bombas y que pueden usar sus cuernos para bloquear katanas y otras espadas.

Cabras que comienzan un nuevo círculo vicioso de violencia.

Esas habilidades gimnasticas compitan con las antiguas artes del país del sol naciente.
Esas habilidades gimnasticas compitan con las antiguas artes del país del sol naciente.

Operación Duh.

Representación artistica de un fantasma croata.
Representación artistica de un fantasma croata.

Ljudevit estaba confundido y mareado, aquellos extraños grilletes le impedían moverse. No recordaba la última vez que estuvo limitado por algo. Recordaba algunos detalles de su vida y numerosos detalles de su post-vida. Habiendo sido un caballero condecorado durante siglo IX murió al caerse del caballo. No recordaba el resultado de la batalla, pensaba que era porque su periodo de fantasma comenzó mucho tiempo después. Era un fantasma feliz, no conocía las causas que lo llevaron a ser un espíritu errante. (Excepto por su muerte). Durante mucho tiempo permaneció en el castillo atormentando a los mortales que habitaban el calabozo. Tiempo después el castillo solo sirvió para fines decorativos y se dedicó a embrujar todas las habitaciones que le fueran posibles. Durante los 40´s sirvió de manera indirecta a las tropas de su país. Atormentaba a las tropas alemanas que acampaban en los bosques, guiaba a los refugiados a través de las líneas enemigas. Cuando terminó la segunda guerra mundial Ljudevit se dedicó a molestar a los comunistas y últimamente le jugaba bromas inocentes a los turistas. Fue un grupo de turistas coreanos los que atraparon al pobre fantasma.

Ahora el fantasma estaba encerrado en alguna prisión de Corea del norte, de alguna manera habían creado una tecnología que les permitía encadenar a un fantasma. En frente de él había un joven mortal con evidencia de haber sido torturado, trataba de hablarle en un mal croata medieval, cosa que molestó a Ljudevit así que para ahorrarse las humillaciones les habló en ingles moderno.

-Ustedes caras amarillas, creen que uno pasa mil años embrujando un castillo y no aprende a hablar idiomas modernos.-

Un soldado intentó golpearlo con la culata de su arma, la cosa no salió muy bien.

-Ustedes son un rebaño de moros patéticos de ojos rasgados, pueden encadenarme pero a menos que consigan armas especiales no pueden maltratarme.-

Un capitán con aspecto tranquilo tomó la palabra.

-Señor Ljudevit, ¿no le gustaría reintegrarse al ejército?-

-No, soy muy feliz siendo un fantasma. Usted debería intentarlo.-

-¿Unirme al ejército?

-Morirse-

-Yo disfruto mucho la vida, pero usted ya está muerto. ¿Por qué no ocupar sus años ociosos espiando para el glorioso imperio de Corea?-

-En vida yo era un caballero, no un espía. Y le era leal a Croacia no un grupo de simios amarillos en  uniforme.-

-Si continua con sus comentarios racistas no voy a tener otra opción más que comportarme rudo con usted.-

-¿Y qué va a hacer? ¿Matarme?-

-Si usted no coopera, destruiremos toda Croacia y mataremos a sus habitantes.-

-¿Me considera un fantasma atrasado e ignorante?. Estoy muy enterado de la posición de su imperio en el mundo. Si tuvieran el poder para destruir un país en Europa central, no estarían recurriendo a fantasmas.-

-Puedo encerrarlo eternamente, mientras reproduzco música pop moderna en su celda.-

-La gente enloquece antes de morir, no al revés. ¿Cuánto tiempo cree que sus superiores le van a permitir tener una celda llena de fantasmas? Si quiere un fantasma en sus filas ¿por qué no empieza a ejecutar a sus propios hombres hasta que consiga un fantasma leal a Corea?-

El capitán no dijo más, encerraron a Ljudevit en la celda aislada y esperaron a que el aburrimiento domara a aquel fantasma racista. Un día abrieron la celda y el espíritu ya no estaba. Las baterías triple “A” de las cadenas se habían agotado. Mientras los guardias daban sus explicaciones, el capitán meditaba la idea del fantasma.

Representación artistica de un fantasma Coreano
Representación artistica de un fantasma Coreano

Hidrocombustible

El relato a continuación fue una colaboración de Cuauh que tiene su propio blog donde nos habla de tendencias de internet, ciencia ficción, anime y otras cosas. Todo esto lo hace de una manera objetiva pero siembre con un vocabulario sencillo y conceptos que incluso los más ajenos al tema pueden comprender.

Algo que quiero hacer notar es que a pesar de mi profesión rara vez tomo los temas ambientales en mis relatos por lo que no puedo evitar sentir cierta vergüenza al pensar que trato de evitar estos temas en mi trabajo artístico (tal vez porque no me considero suficientemente educado en el tema)

Bueno ahora el relato…

Imagen cortesia de Patrik Cons
Imagen cortesia de Patrik Cons

El sol no había salido aún. Eran casi las seis de la mañana cuando el despertador de Fabricio sonó, un fragmento de aquella canción que tanto le gustaba y que tenía como tono de alarma desde hacía tres años, a pesar de las constantes críticas de Fernanda, quien la aborrecía después de escucharla cada mañana. Para fortuna de su novia, aquel día Fabricio había despertado varios minutos antes, así que apagó la alarma tan pronto empezó a sonar. Hoy era un día especial para él, pues su jefe había prometido entregar los resultados de la vacante disponible en el departamento ejecutivo de ventas, su puesto soñado desde que entró a la compañía y que ahora parecía tan al alcance al saberse, por voz de sus propios compañeros, como uno de los favoritos para ocupar el puesto.
Cuando dieron las seis en punto, el reloj inteligente de Fernanda empezó a vibrar y el temporizador del departamento se activó, la luz de la habitación se encendió paulatinamente como estaba programada para evitar, según ella, que un cambio repentino en la intensidad de la luz les dañara la vista. Las ventanas de la sala desactivaron el filtro nocturno que permitía a los usuarios ver al exterior sin dejar pasar la molesta luz del alumbrado público, mientras que la televisión se encendía en el canal de noticias que a ella le gustaba ver cada mañana antes de salir al trabajo.
Mientras ambos esperaban a que el guardarropa terminara de proveer las respectivas mudas que usarían el día de hoy con base en el itinerario que ellos habían programado, Fabricio caminó hacia el baño para lavar sus dientes y ducharse, mientras Fernanda permanecía sentada en el borde de la cama cepillando su cabello.
Un breve chorro de agua, un poco de vapor, el sonido del aire comprimido y un fugaz bombardeo de luz ultravioleta modificada dejaron a Fabricio reluciente y fresco, pero con la sensación de que algo le faltaba. Tenían poco menos de una semana con el nuevo baño y aún no podía acostumbrarse a él. “En menos de tres minutos y con un gasto menor a un litro de agua cualquiera queda impecable”, era el eslogan que utilizaba el gobierno en los comerciales donde anunciaban los subsidios para que los habitantes de la ciudad cambiaran sus anticuados baños por los de la nueva generación. Fernanda había ganado medio subsidio en el trabajo, así que el baño sólo les costó la mitad, lo que significaba una insignificante deuda de unos ocho años.
El sonido de la cafetera automática la delató y en tan sólo un par de minutos el aroma de café recién hecho había inundado todo el departamento.
—Apurate Fetuchini —gritó Fernanda.
Fabricio la miró molesto mientras enrollaba una toalla en su cintura. Ella le sonrió coquetamente y caminó desnuda junto a él para tomar su turno en la ducha.
—Por cierto —preguntó ella—, ¿no crees exagerado seguir usando esa vieja toalla teniendo el nuevo baño? Uno sale completamente seco.
Fabricio no contestó, estaba muy acostumbrado a su rutina diaria y pocas cosas le harían modificarla. Si había accedido a cambiar el baño era porque las raciones de agua eran más reducidas cada año y porque Fernanda le había estado insistiendo por más de dos meses, así que al menos se seguiría bañando como a él le gustaba.
El gabinete expendedor del guardarropa se abrió y un pequeño brazo robótico colocó a un lado de la cama el traje que Fabricio había programado para esa ocasión desde hacía una semana, del otro lado, un coqueto vestidito rosa que era parte de la rotación habitual en la ropa de Fernanda y un pequeño cilindro de oxigeno del tamaño de un termo que se unía mediante una pequeña manguera a una mascarillas de plástico trasparente que permitiría al usuario respirar sin peligro en caso de que el aire no fuese respirable ese día. Fernanda tenía la extraña costumbre de siempre llevar el cilindro consigo, pese a que rara vez lo necesitaba; Fabricio había desistido de hacerlo desde hacía muchos años.
Luego de que ambos terminaron de vestirse, Fernanda salió de la habitación en dirección a la cocina, donde ya la esperaba su taza de café y un estofado de carne sintética sabor pollo, su carne preferida desde que era niña, o mejor dicho su sabor sintético preferido. Desde que el oxigeno de la atmósfera aumentó, muchos animales no logaron adaptarse y murieron por docenas, el noventa por ciento de las especies se extinguieron y las que lograron sobrevivir estaban confinadas a zoológicos donde el aire era controlado para que no rebasara los límites de oxígeno que podían soportar los seres con pulmones, así que animales como el pollo ahora eran especies raras que sólo podían ser vistas en las reservas animales, aunque Fernanda aseguraba que su abuela llegó a cocinarlo cuando era niña, pues fue uno de los últimos alimentos cárnicos permitidos por el gobierno antes de que GenoFood y su comida sintética se apoderarán del mercado y pusieran fin a la crisis alimenticia que afectó la generación de sus padres y abuelos.
Mientras Fernanda iniciaba con su desayuno, Fabricio revisaba meticulosamente las notas que había preparado para su ponencia a fin de no olvidar ninguna, las ordenó y les dio una rápida lectura para reafirmar su discurso. No quería que le pasara lo mismo que le ocurrió cuando recién había ingresado a la compañía. Luego de asegurarse que todos sus papeles estuvieran en orden, Fabricio cerró su portafolio y se unió a Fernanda en la cocina.
—¿Qué buscas güera? —preguntó Fabricio mientras endulzaba su café al ver que Fernanda checaba con insistencia la pantalla del refrigerador.
—El refri dice que sólo nos tocan doscientos gramos de carne, pero según yo ya nos debería tocar medio kilo —contestó Fernanda extrañada.
—Eso es para los que tienen hijos.
—Pues ya ves —dijo ella tiernamente— podríamos intentarlo.
Fabricio se quedó en silencio por un minuto.
—Si me dan el puesto lo intentaremos, te lo prometo.
Fernanda sonrió de oreja a oreja y continuó marcando en la pantalla todas las cosas que les hacían falta en la despensa y que, a diferencia de la carne sintética, no estaban restringidas a cierta cantidad por persona.
—¿Algo nuevo en las noticias? —preguntó Fabricio en todo de burla.
Mariana lo miró enojada.
—Muy gracioso —dijo al fin.
Fabricio odiaba aquel canal de noticias que la televisión sintonizaba de manera automática todas las mañanas, así que la noche anterior decidió programar otro canal y cambió la contraseña para que Fernanda no pudiera arruinarle aquella mañana. Quería que todo resultara perfecto y ningún mediocre canal de noticias sobre el clima y el estado del trasporte público se lo impediría.
—Si viviéramos en un departamento de nivel inferior tendríamos que escuchar esas noticias todas las mañanas —replicó Fernanda con enfado.
—Amor, si viviéramos en uno de esos departamentos la alarma nos despertaría a media noche para que nos pusiéramos las mascarillas de oxígeno y no tendríamos necesidad de ver ese cochino programa —dijo Fabricio con desdén.
Fernanda salió de la cocina molesta para recoger sus cosas antes de salir hacia el trabajo. La familia de Fabricio siempre fue de clase privilegiada, así que nunca tuvo que preocuparse por vivir en casas o departamentos comunes, a diferencia de Fernanda, cuyos padres nunca pudieron darse el lujo de comprar una vivienda inteligente con suministro regulado de oxígeno. Aquel pasado era algo que Fernanda reservaba para sí y nunca hablada de eso con nadie, ni siquiera con su novio, quien creía que su fijación por las noticias de pobres, como todos los de la clase media y alta las llamaba, era por mera curiosidad.
El edificio en que vivían estaba sellado y contaba con ventilación y un suministro de aire regulado por computadora, así que las mascarillas no era necesarias a menos que salieran a la calle, lo cual era muy raro, pues los autos contaban con el mismo sistema de ventilación y nunca descendían de ellos hasta estar dentro de algún estacionamiento, que por disposición oficial, debían estar igualmente aislados. En los departamentos de lujo no sólo el edificio estaba sellado, sino que se podía incluso controlar la cantidad de oxígeno en cada habitación. A Fernanda y Fabricio nos les alcanzaba para vivir en un lugar tan lujoso, pero estaban felices de al menos vivir en un edificio inteligente y ecoamigable, como la mayoría de asalariados de clase media. Se sentían afortunados por no tener que lidiar con las inclemencias del exterior ni tener que usar aquellas mascarillas todo el día como hacía la gente pobre que aún vivía en casas de concreto en la periferia de la capital.
—¿Paso por ti a la oficina en la noche? —preguntó Fabricio.
—Sólo si me vas a invitar a cenar —respondió ella aún enfadada por el comentario de Fabricio.
Fabricio la tomó por la cintura y le dio un breve beso en los labios.
—A un lugar caro —dijo él.
Fernanda sonrió en señal de perdón y ambos bajaron hasta el sótano donde estaba el estacionamiento.
El departamento donde vivían estaba en una calle poco transitada por la cual circulaba uno de los nuevos tranvías flotantes que a esa hora pasaba atestado de gente. El gobierno había anunciado que los nuevos tranvías tendrían regulador de oxígeno y la ausencia de fricción que prometían aquellas vías imantadas le permitirían correr hasta cien kilómetros por hora, casi tan rápido como los autos particulares. Sin embargo, el aire nunca funcionaba correctamente y eso obligaba a los usuarios a usar sus mascarillas, además, el excesos de gente los hacía correr a menos de la mitad de lo prometido.
—¡Adriana! —gritó Fernanda para saludar a su amiga.
Adriana los saludó agitando la mano desde la puerta de su auto.
Ambas chicas se habían conocido en la universidad cuando estudiaban derecho. Fernanda siempre quiso ser abogada ambientalista y al terminar la carrera entró a trabajar a una organización no gubernamental que abogaba por el derecho a un aire respirable, mientras que Adriana era la abogada de una de las empresas automovilísticas más importantes del país, a quien casualmente la organización de Fernanda había demandado algunos mese antes.
—¿Cómo está mi pareja favorita? —preguntó cuando su auto pasó junto a ellos.
—Bien —contestaron ambos al unísono.
—¿Quieres que te lleve?, así podríamos ir revisando el caso juntas, de todas formas nos veremos más tarde en el juzgado.
—No le veo el caso, pues de todas formas te voy a ganar —Dijo Fernanda.
Ambas chicas rieron.
—Te veo en la tarde —dijo Fernanda mientras subía al auto de su amiga.
Fabricio las vio salir del edificio mientras caminaba hasta su auto, casualmente de la misma compañía a la que su novia había demandado y que por disposición gubernamental estaba obligado a no circular en caso de contingencia, pues sus emisiones de oxígeno eran de las más altas entre todos los vehículos.
Fabricio encendió el auto y lo puso en marcha, pero al cabo de unos metros el auto se detuvo intempestivamente y un anunció apareció en la pantalla del tablero: “Circulación prohibida por contingencia”. Fabricio trató una y otra vez pero sin éxito, cada que encendía el auto este avanzaba un par de metros y se detenía en seco. Al notar sus problemas el portero del edificio se acercó a ayudarlo.
—¿Problemas con el auto, joven? —preguntó el portero.
—Sí, me dice que por contingencia no puedo avanzar.
—Sí, pues es que al aire tiene mucho oxígeno hoy. ¿Qué no vio las noticias?, dijeron que hoy es el índice más alto registrado en los últimos cinco años, pero si quiere horita se lo reviso y se lo echo a andar.
El hombre se quitó la camisa de vestir que era parte de su uniforme y dejó al descubierto una playera vieja desgastada por el uso y el trabajo, quitó delicadamente la mascarilla que traía puesta sobre la frente y colocó el cilindro de oxigeno junto a su camisa en el suelo.
—Abra el cofre, joven.
Fabricio abrió el cofre y apagó el motor.
—¿Tiene el Locater 3000 verdad? —preguntó el portero como dando a entender que sería imposible hacer avanzar el auto.
—Sí, ¿tiene algún problema?
—Mire —dijo el portero señalando a alguna parte del motor que Fabricio no podía reconocer— si tuviera alguna versión más antigua podría desconectarlo de la red y su auto avanzaría sin problema, pero la versión que usted tiene posee un candado que paraliza al coche si este se desconectada de la red vial, además de que la hace una multa automática.
—¿Y ahora?, tengo una reunión muy importante y no puedo llegar tarde.
—¿Y hasta dónde va?
—A las oficinas del centro.
—Pues si toma el tranvía yo creo que si llega, se hace poco menos de dos horas y a penas son las siete y cuarto.
Fabricio trató de contener la rabia, sacó sus cosas del auto y caminó hacia la salida.
—¡Oiga! —le gritó el portero—, no se le olvide su mascarilla, no querrá caer desmayado a mitad de la calle.
Fabricio no tenía la costumbre de usar mascarillas ni de recargar los cilindros de oxígeno, así que buscó entre las cosas que Fernanda solía olvidar en el coche y encontró un equipo usado pero con algo de oxigeno restante. Fabricio se colocó la mascarilla y salió corriendo del edificio.
El tranvía tardó más de cinco minutos en llegar, a pesar de que las corridas se anunciaban para cada minuto y medio. Cuando el primer tren llegó, Fabricio tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no ser arrollado por la estampida de gente que se arremolinaba en las puertas tratando de abordar, pese a que el interior estaba tan saturado que no parecía posible que ingresara una persona más.
Luego de tres estaciones, el vagón donde viajaba se vació lo suficiente para dejar algunos lugares libres, Fabricio tomó asiento junto a una señora que sostenía a su hijo sobre las piernas. El niño tenía una bolsa de plástico sobre la nariz y la boca y respiraba lentamente al ritmo que su madre le indicaba. A Fabricio le pareció una escena muy extraña, pero nadie más parecía prestarles atención, todos estaban ensimismados en sus dispositivos electrónicos, con los ojos clavados en el pálido resplandor de las pantallas y la cara oculta tras la incómoda mascarilla reguladora de oxígeno. Un par de estaciones más adelante, antes de llegar a donde Fabricio debería cambiar de ruta, un hombre de aspecto desalineado, calvicie incipiente y  un rostro de impaciencia y hartazgo entró al vagón y empezó a predicar un discurso mientras repartía panfletos donde denunciaban las irregularidades en la fabricación del alimento producido por GenoFood, la indulgencia del gobierno con Engines Incoporated y las acciones monopolistas de Free Air.
—Damas y caballeros —decía aquel hombre mientras repartía los panfletos que en su mayoría eran ignorados por los usuarios— la crisis alimenticia no ha terminado, no se dejen engañar por el gobierno, la comida sintética sólo ha dado paso al más grande monopolio en la historia de la humanidad y los negocios sucios que el gobierno tiene con Engines Incoporated permiten que la atmósfera sea cada vez menos habitable, nuestros niños —y señaló al pequeño que respiraba dentro de la bolsa de plástico sobre el regazo de su madre— son las víctimas de los malos manejos, el motor hídrico y el hidrombustible son el nuevo cáncer del siglo XXII.
Fabricio miró al hombre salir del vagón mientras miraba de reojo el panfleto que le había dado.
A mediados del siglo XXI, el mundo sufrió una crisis energética terrible, las reservas de petróleo se terminaron y las empresas tuvieron que buscar nuevas formas de producir energía. La electricidad fue lo más fácil, en todos los países se construyeron presas, se aprovechó la fuerza de viento y  mareas, y los paneles solares dejaron paso a las ventanas inteligentes que no sólo podían atenuar la luz exterior, sino captar la energía solar y alimentar el consumo eléctrico de la casa. Aunque las cosas no fueron tan sencillas, la energía limpia redujo los costos y las ganancias, por lo que el gobierno se vio forzado a cobrar impuestos a las ventanas; todo lo que antes producía energía limpia y gratis ahora se cobraba. La contaminación se redujo aún más cuando un ingeniero alemán desarrolló un motor que funcionaba con agua. La idea básica era que el motor descomponía el agua en sus dos elementos, así que aprovechaba el hidrógeno y desprendía oxígeno. La empresa alemana vendió sus nuevos vehículos como la solución definitiva a la contaminación ambiental, pues no sólo funcionaba con agua, sino que aportaba a la atmósfera una valiosa cantidad de oxigeno limpio. En pocos años cada familia del mundo tenía un auto hídrico, las gasolineras desaparecieron y en su lugar se abrieron expendios de hidrombustible, un agua tratada con el doble de moléculas de hidrógeno. El problema fue la cantidad, las ciudades se sobresaturaron de autos y en menos de una década el gobierno tuvo que empezar a tomar medidas para contrarrestar el exceso de oxígeno en la atmósfera, pues la gente y los animales caían desmayados por las calles. Además de los nuevos e inesperados problemas ambientales, el uso del agua como combustible trajo drásticos cambios en la sociedad. Los mares dejaron de ser patrimonio de los países y fueron comprados por las grandes empresas, los ríos fueron monopolizados por las hidroeléctricas y los pozos, lagos y manantiales constituyeron la nueva reserva de energéticos de los países. Países mayormente desérticos construyeron gigantescas desalinizadoras para usar el agua del mar, el agua potable se prohibió y las personas debieron acostumbrarse a tomar únicamente una especie de suero como sustituto del vital líquido. Aunque uno de los mayores cambios se dio en la alimentación, pues ya no había suficiente agua para regar los cultivos ni dar de beber a los animales, además muchos había muerto a causa de la saturación del oxígeno en la atmósfera, así que una empresa agropecuaria llamada GenoFood desarrolló un nuevo tipo de comida sintética que disminuyó drásticamente la cantidad de comida natural  requerida por el organismo. Para paliar los problemas causados por el oxígeno, la empresa noruega Free Air desarrolló una mascarilla y un pequeño tanque de oxígeno portable del tamaño y peso de una botella de agua y que además podía rellenarse en máquinas expendedoras dispuestas por toda la ciudad.
El tranvía llegó a la estación de transbordo y Fabricio continuó su camino ya sin los molestos reclamos de aquel hombre. Mientras caminaba hacia en anden sintió un leve mareo que fue aumentando hasta que ya le resultaba muy difícil permanecer de pie. Se recargó en la pared y se quitó la mascarilla para examinarla. En la parte frontal, justo sobre el área que encaja en la nariz un pequeño led rojo parpadeaba débilmente indicando que la vida útil de la mascarilla había llegado a su fin. Fabricio entró en pánico pues las estaciones del metro no contaban con oxígeno regulado y la tienda de mascarilla más próxima estaría más lejos de lo que podría caminar respirando ese aire.
Fabricio pensó en correr hasta el andén y buscar alguna máquina para recargar su tanque, que generalmente siempre estaban junto a las taquillas de boletos, pero eso sólo agitaría su respiración obligándolo a inhalar más aire, así que se sentó en el suelo y esperó a que alguien pasara, trató de respirar con extrema lentitud aguantando la respiración lo más que podía, pero después de dos minutos sus pulmones le obligaban a dar grandes bocanas de aire que los mareaban cada vez más.
Al cabo de cinco minutos que le parecieron una eternidad, sentía que la cabeza estaba por estallarle y el tren no parecía haber llegado a ninguna de las estaciones, pues el pasillo del trasbordo estaba completamente desértico. La vista se le empezó a nublar y le resultaba difícil mantenerse despierto. El miedo le hacía respirar muy rápido, pero entonces recordó las palabras de aquella madre que le indicaba a su hijo el ritmo adecuado para respirar dentro de la bolsa de plástico. “Eso es”, pensó, “la bolsa de plástico cumple la misma función que la mascarilla regulando paulatinamente el oxígeno de la atmósfera al combinarlo con el dióxido de carbono que exhalamos”. Buscó entre sus cosa, pero lo más cercano que encontró a una bolsa fue un el protector de plástico para hojas de papel, lo tomó y empezó a respirar en su interior.
El protector parecía funcionar, sólo tenía que mantener una respiración constante, el mareó descendió lo suficiente como para ponerse de pie y caminar hasta la estación de vigilancia, donde seguramente podrían proveerle con una mascarilla. Se levantó y apoyando una mano contra la pared mientras sostenía con la otra su rudimentaria bolsa, avanzó tambaleante hasta el andén de la próxima estación. Al llegar, un policía corrió a ayudarlo y lo llevó hasta el cubículo de vigilancia, donde le proporcionaron oxigeno regulado hasta que el mareo desapareció por completo.
—Tome —dijo el policía al ver que Fabricio ya se había recuperado y guardaba sus cosas para continuar su viaje.
Fabricio agarró la mascarilla que el oficial le obsequiaba, la ajustó a su rustro y entre empujones se abrió paso hasta entrar en el carro del tren. Eran ya las nueve en punto y aún le faltaban veinte minutos de viaje. Cuando por fin llegó a la sala de juntas todos los candidatos habían terminado de exponer sus propuestas y los directivos charlaban entre ellos tratando de elegir la mejor.
—Señores —dijo Fabricio parado frente al resto de sus compañeros y jefes.
—Disculpe señor Ramírez —le interrumpió el director general— pero las ponencias han terminado, debió programar mejor sus tiempo y sus notas —dijo al ver el desastre de papeles que traía en su portafolio.
—No será necesario —contestó Fabricio— mis presentación será rápida y práctica.
—Señor Ramírez —dijo su jefe inmediato en un tono de suma molestia.
—Esto es una completa falta de respeto para el resto de sus colegas —dijo uno de los ejecutivos.
El resto de candidatos hablaban entre ellos y le dirigían miradas acusadoras.
—Tenga la amabilidad de salir —dijo el director general con cierta amabilidad pero ya sin paciencia.
—Caballeros —dijo mientras era escoltado hacia la puerta—, ¿han pensado en máquinas expendedoras de mascarillas desechables que no necesiten oxígeno?
El presidente de la compañía lo miró fijamente.
—Explíquese, dijo su jefe inmediato.
—El aire del exterior contiene más oxigeno del que podemos respirar, los productos de FreeAir sólo nos proporcionan aire respirable, pero el costo de recargar los pequeños cilindros es un gran impacto para la economía.  Si pudiéramos proporcionar mascarillas desechables que no requieran tanques de oxígeno, sino que regulen el oxígeno mediante el dióxido de carbono que nosotros mismo desprendemos, FreeOxigen se adueñaría del mercado en pocos años.
—Caballeros —dijo el presidente— tengan la amabilidad de salir, deliberaremos sobre cuál nos pareció la mejor presentación. Joven Fabricio —añadió el presidente— no se aleje mucho de la oficina.
Aquella misma noche, mientras Fernanda y Fabricio cenaban en el restaurante caro al que le había prometido llevarla, observaron a un grupo de trabajadores colocar un espectacular frente al restaurante en donde se anunciaba la próxima llegada de las máquinas expendedoras de mascarillas desechables.

Sin tiempo para morir.

Colaboración de Madre G.

Espera abrir un blog con sus relatos próximamente.

 

Mi uniforme me sigue dosificando un fuerte analgésico.

Hay una colonia de pequeños animales parecidos a cangrejos que vive en la herida de mi costado. Cada vez que reviso la herida sale pus y pequeños crustáceos.

Un chip de impulsos hace que siga marchando independientemente si estoy dormido o despierto.

Dudo que el rifle tenga más de un cuarto de cargador de municiones, aun así mis brazos se niegan a soltar el arma.

Sigo marchando sin detenerme desde hace 27 horas, y no he visto otro ser vivo.

Aun debo de capturar la base. Según el curso de capacitación que tuve hace un millón de años esta base está sola en un planeta yermo y sin más vida inteligente que aquella base y yo.

Mi nave fue derribada del otro lado del planeta y ahora mi uniforme me arrastra a una batalla pírrica.

Anhelo el descanso, pero no hay tiempo para ello.

La bruja cuántica (prologo).

Era el momento más terrorífico de mi vida. No existía ninguna escapatoria. Allí estaba, mi prometida esperaba sentada con una sonrisa en el comedor mientras yo me retorcía en el baño de invitados. No había papel. Y lo que fuera que estaba saliendo de mi organismo tenía un tamaño monumental.

Debí cortar con Alicia cuando me fue posible. Blanca me advirtió de las consecuencias de seguir con aquella relación autodestructiva.

Aún recuerdo cuando le prometí mi amor a Blanca, ella me rechazó con su hermosa sonrisa.

-Ya tengo novio y tú no eres muy divertido. Pero algún día tendrás que cumplir tu promesa.-

Tenía 16 años y estaba destruido, dos años después aún no me había recuperado por completo cuando en un taller para escritores amateurs conocí a Alicia. Ella no debía estar allí, se había equivocado de taller y yo me había equivocado de horario. Cuando empezamos a trabajar en el mismo equipo fue cuando nos gustamos.

Tiempo después perdí el contacto con Blanca (aunque ella no lo notó) y le dediqué toda mi atención a Alicia. Cambie de carrera para estar con ella, modifiqué mi manera de vestir, alteré mi dieta y empecé a rechazar a mis amistades.

Muchos me dijeron que permití que Alicia me moldeara a su gusto, yo argumentaba que en realidad simplemente estaba madurando. ¿Ese era mi argumento?…

Tiempo después Alicia quería espacio. A veces cancelaba las citas cinco minutos antes para salir con sus amigas. Fue en una de aquellas ocasiones cuando me encontré a Blanca. Su marido había huido de la casa, le dejó una pequeña fortuna para mantenerse aunque no habían tenido hijos. Recuerdo sus lágrimas de rabia y la compasión en sus ojos cuando yo le relaté la historia de mi relación con Alicia.

Regresamos a la antigua amistad que teníamos antes de que yo le declarara mi amor, mientras tanto mi relación con Alicia se hacía más perjudicial. Ambas mujeres querían cambiar los mismos aspectos de mí persona y no podía complacerlas a ambas.

Blanca me dio su ultimátum.

-Vas a ser igual de feliz con cualquiera de las dos, pero yo puedo hacerte muy infeliz cuando ella te deje solo.-

No quería entender las implicaciones de aquel ultimátum. Le supliqué un tiempo para poder terminar mi relación y ella accedió.

Un día después de mi fecha límite estaba en casa de Alicia, cenábamos en casa de sus padres para celebrar nuestro compromiso. Un día antes me había informado que nos íbamos a casar. Mi futuro suegro me felicitaba cuando lo sentí en mi vientre. Podía sentir la presión en mis entrañas tratando de liberarse. El incapacitante dolor me llevó al baño de la casa de mis suegros.

Allí estaba, mi odiada prometida esperaba sentada con una sonrisa en el comedor mientras yo me retorcía en el baño de invitados. No había papel. Y lo que fuera que estaba saliendo de mi organismo tenía un tamaño monumental. Aquello que estaba excretando tenía una textura lisa y resistente, el contacto con la parte exterior de mi trasero resultó angustiante, la substancia era fría e inflexible.

Cuando terminó de salir por mi trasero el ruido me resultó demasiado familiar, incómodamente familiar. Con las manos sosteniendo mi vientre me levanté para visualizar aquello que había defecado.

-Una botella de refresco de medio litro.-

Mientras veía aquella botella depositada en el fondo del inodoro llegó a mi celular un mensaje de texto. Era Blanca.

Si no la dejas hoy mismo esto te sucederá durante el resto de tus días.

Sentí en el vientre la necesidad de expulsar otra botella. Creía que Alicia había ejercido poder sobre mí. Ahora entendía lo que era autentico control.

Con los pantalones en los tobillos salí al comedor y terminé mi relación con Alicia en aquel momento, su rostro demostraba incredulidad, así que escupí en su cara para dar mayor credibilidad al rompimiento.

Todavía sentía la necesidad de expulsar aquella botella,  ya no podía soportar la presión así que en la alfombra persa expulsé la segunda botella (al menos el vidrio no deja manchas).

Sentí mi vientre liberado de la presión, me coloqué los pantalones y encaminé a casa de Blanca. Ahora voy a amarla con todo mi corazón e investigar cómo fue que logró huir su anterior marido.

Para fines explicativos…
Para fines explicativos…