Economía

—Déjame contarte una historia.—
Susana suspiró, no hay manera de salvarse de una aburrida historia sobre economía.
—¿Una historia sobre qué?— Dijo con tono resignación.
—Economía…— Samantha siempre soltaba una sonrisa estricta cuando contaba sus historias. —Cuándo quebró mi primer empresa, le debía $15 al fisco, como me negué a pagarlos, el estado gastó $200 en mandar alguien para cobrarlos.—
—¿Y qué más pasó? Señora.— Samantha ignoró el tono sarcástico de su asistente y abrió las ventanas, le gusta que su oficina esté iluminada y ventilada.
—La moraleja de la historia es que yo era la dueña de la empresa que subcontrataba a los cobradores.—
—Es más fácil, crear demanda que buscar clientes.— Repitieron las mujeres con tono mecánico.
—Bueno señora ¿Le parece si organizamos un terremoto en Japón?—
—Que sea en todos los archipiélagos orientales, no me gusta que los japoneses sufran solos.—