La sirena

El vestido era color azul, de un todo griseado que destacaba contra las obscuras aguas del lago, nunca entendí como abordaba mi canoa y tal vez nunca me importó, su corto cabello era color de la almendra y sus ojos eran enormes, eran de un tono azulado que jamás intente descubrir o entender. Cada visita al lago ella aparecía sentada enfrente de mí, como un reflejo de de mi propia alma, silenciosa cual una escultura y a la vez tan comunicativa como un millar de cartas, siempre de mi misma edad que yo, sentada en mi canoa con su vestido azul.

Cuando tienes seis años te encuentras en el incomodo limbo de ver cosas que el cerebro de los adultos se niega a aceptar y el entendimiento de que lo expresar lo que ves es ilógico y poco provechoso. Desde aquella tierna edad la veía, cada vez que visitaba el lago en mi canoa ella aparecía, no podría decir que siempre supe que ella era para mí, pero había autentico conocimiento de que yo le pertenecía desde mi primera visita solitaria al lago, ella se comportaba de la misma manera, en un silencioso romance en la soledad del lago éramos consientes de la mutua pertenencia.

Conforme fui madurando mi deseo de reunirme con ella por más tiempo fue llamando la atención de lo que denomino ahora como gente real, sería injusto culparlos, de hecho entiendo su lógica y bajo esa comprensión no puedo odiarlos, así que un diecinueve de noviembre recibí un ultimátum, no de parte de mis padres que se preocupaban por mi afán de pasar largos periodos solo en el lago, no de mis amigos que se casaban o abandonaban el pueblo decadente de manera más acelerada, el ultimátum llegó de la compañía fabricante de pintura que había adquirido los terrenos colindantes al lago, matar a un cuerpo de agua para rescatar a mi acabado pueblo, un trato justo que permitiría que aquellos que no hemos abandonado esta localidad podamos prosperar.

Pero ella estaba asustada. —El reflejo de la luz en la superficie del lago es lo que nos permite reunirnos.— Eso fue lo que me explicó, pero ella me conocía mejor que nadie y era consciente de mis capacidades. Yo no podía salvar al lago. —¡Hay una manera en la que podemos reunirnos! ¡De que estemos del mismo lado del lago para siempre! Pero no me atrevo a pedírtelo…—

Al día siguiente en mi canoa estábamos más apretados, las latas de gasolina ocupaban la mayor parte de mi espacio , ella con su vestido azul griseado de siempre me miraba anhelante y asustada, me dijo que ella no podría hacer ese sacrificio por mí, pero en mi honestidad, aquella a la que solo se puede acceder después de diez años de profunda y silenciosa relación, le dije que será más doloroso perderla.

Prendí mi fuego para purificar mi alma y evadir mi cuerpo, me vio sufrir, se levanto y me arrojó al fondo del lago…

Un protestante pirómano tratando de salvar el lago, es lo que dicen allá afuera, desde la clínica mental donde me han encerrado se puede ver un pequeño humedal artificial, una cosa decepcionante y un par de almas separadas, y yo me sigo preguntando: ¿Por qué salvó mi vida?


Final alternativo:

Ahora vivo en otra tierra, tan similar y tan diferente a donde viven las personas reales, pero hay algo que deben saber:  Incluso aquí el matrimonio es tan monótono y aburrido. Hoy tengo cita con el terapeuta de parejas.

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